Mi laberinto: Un doc que cumple
11 may 2012 Dejar un comentario
in Mi vida
En mi laberinto hay espacio para ti como si fuera una sabana donde las aves migran a descansar, trinan y
luego parten; pero sin despedidas, porque los amig0s siempre tienen un lugar.
A ti mi abrazo de cumpleaños de esos mullidos que te entrego porque sí, atando en las nubes momentos de alegría pero también de fe; porque en mi corteza está labrado tu nombre, con un agradecimiento a aquellos momentos en que la sombra de miedo recorría mi piel.
Sí, debo agradecer tu presencia serena y tierna que no soltó mi mano, qué importa ya el destino si tenemos en pasado y presente una alianza de amistad fortalecida.
Mi ¡DOC! felizzzzzzzzzzzzzzz cumple otro!!!
Laberinto ajeno: Amor de frutas de Gioconda Belli
10 may 2012 Dejar un comentario
Déjame que esparza manzanas en tu sexo néctares de mango carne de fresas;
Tu cuerpo son todas las frutas.
Te abrazo y corren las mandarinas; te beso y todas las uvas sueltan el vino oculto de su corazón sobre mi boca. Mi lengua siente en tus brazos el zumo dulce de las naranjas y en tus piernas el promegranate esconde sus semillas incitantes.
Déjame que coseche los frutos de agua que sudan en tus poros:
Mi hombre de limones y duraznos, dame a beber fuentes de melocotones y bananos racimos de cerezas.
Tu cuerpo es el paraíso perdido del que nunca jamás ningún Dios podrá expulsarme.
Laberinto ajeno: La confusión de la despedida. Por Alejandro Cifuentes
06 may 2012 Dejar un comentario
¿Hace cuánto tiempo no te detienes en el aroma de una naranja que se abre en tus dedos? -Dime a qué huele- O te fijas en el recorrido del reloj, absorta de la vorágine del mundo, simplemente escuchando el bello sonido que palpita en tu corazón, sin más interrupción que el silencio. -Dime qué se siente-
Dime de qué se trataría todo esto que intentamos explicar como existencia, si no fuese por el ovillo tejido entre tu alma y la mía, como un puente tendido en la constelación diaria e invisible que ofrendamos de palabras y belleza, con la persistencia que concluye en un nudo de conversaciones inacabadas, como si una puerta hubiese sido abierta entre las distancias y las imposibilidades.
Dime qué es amar cuando así has amado, dime qué es la soledad al despertar en un abrazo, dime qué textura tiene la libertad si no has sacrificado un instante por ella, dime qué es robar un beso cálido en la confusión de la despedida, cuando ni siquiera te has percatado hacia que otros abrazos se encaminan tus pasos.
Me pregunto qué puedes amar de mí, si todo lo que soy se reduce a un cuadrado encerrado en el desierto, a una tristeza entera dando tumbos en la luna, a una esperanza entumida de sol que zozobra entre nubes sin lluvia, a la apelación que sustituye la posibilidad de una vida por otra, de la añoranza del sueño perdido, de la realidad que se avecina en su soplo visitante.
En la brisa que viene desde lejos, disfrazada de ti, inspirada en mí.
Alejandro Cifuentes-Lucic @ catalejo 18 de abril 2012 Desierto del Tamarugal
Fotografía: “Copas”. Original de Claris Trigueros (Caracas, Venezuela). Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.
Entrada original Alejandro Cifuentes en su Catalejo http://cifuenteslucic.wordpress.com/2012/05/06/la-confusion-de-la-despedida/
La confusión de la despedida
06 may 2012 Dejar un comentario
¿Hace cuánto tiempo no te detienes en el aroma de una naranja que se abre en tus dedos? -Dime a qué huele- O te fijas en el recorrido del reloj, absorta de la vorágine del mundo, simplemente escuchando el bello sonido que palpita en tu corazón, sin más interrupción que el silencio. -Dime qué se siente-
Dime de qué se trataría todo esto que intentamos explicar como existencia, si no fuese por el ovillo tejido entre tu alma y la mía, como un puente tendido en la constelación diaria e invisible que ofrendamos de palabras y belleza, con la persistencia que concluye en un nudo de conversaciones inacabadas, como si una puerta hubiese sido abierta entre las distancias y las imposibilidades.
Mi Laberinto: Ella y el sol – Bitácora del desierto 2
02 may 2012 Dejar un comentario
in lo que siento, Mi vida
A Raomely
Tú que fuiste mi sol en el peregrinaje, que ni un instante soltaste mis manos cuando necesite afianzar la fe. Que descalzaste tu pies cuando pagué promesa de amor en el desierto hirviente.
Tú que me enseñaste que la amistad puede ser un privilegio milagroso una y otra vez. Que llevas en tu pecho mis lágrimas cuando quebré mi resistencia al dolor.
Tú que escuchaste rugir al Pacífico a mi lado, te helaste con mis palabras de esperanza y acurrucaste mi silencio en Isla negra.
Tú que sabes que hoy conozco del amor en otra trascendencia y que sigues sonriéndome cuando digo que voy de regreso a París, aunque hoy sabes que me puedo detener largo tiempo en Chile.
Tú simplemente tú, eres parte de la líneas solares que evitan mis sombras.
Gracias, en esta y cada vida.
Mi laberinto: Valle de la paciencia – Bitácora del desierto 1
02 may 2012 4 comentarios
in lo que siento, Mi vida
Mi viaje por los desiertos de Chile 2012
La paciencia es un don supremo, su construcción interna necesita de fe, templanza y perseverancia.
Las cosas tontas no requieren de mayor atención, y muchas de ellas se encuentran en lo cotidiano atentando contra nuestra fortaleza, en cambio aquellas cosas que buscan la trascendencia en la vida requieren como primer peldaño de la paciencia.
A veces queremos todo para ayer, la vorágine de la vida nos arrastra sin permitirnos contemplar, es alli cuando fallamos porque perdemos la fuerza interior.
Ser paciente requiere de madurez y dejar pasar el tiempo con sus experiencias; yo sé lo que es ser impaciente, sé lo que significa atropellar mis emociones y proyectos; y la misma vida me ha doblegado para que apueste a lo que es necesario de verdad y no a lo que creía que era.
Hoy en una época más madura, enfrentada hacia el futuro de manera distinta, mi corazón ha tomado la paciencia como pieda angular de sus emociones.
Si en este valle de la paciencia no hay llovido por infinidad de años, y aún así existe, quien soy yo para no entender que hay que transitar a veces en el desierto para merecerse vivir en el bosque.
Aqui estoy sana de espíritu y con paciencia al resto de mis años, dentro de mí he conseguido mi bosque y para protegerlo, le puse como entrada un laberinto.
Hoy reconozco al amor como una semilla paciente y he decicido regarla y protegerla como prueba de que los milagros parten de nuestras acciones.
La paciencia, según San Agustín, es «la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males». Y añadía: «no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores».
Pasan a mi laberinto los que amo. Pasan los que reconocen en mí su lado tierno y continuo de amor.
Mi laberinto: un abril de milagros en la bitácora del desierto
30 abr 2012 6 comentarios
in Mi vida
Mi vida y sus grandes aciertos, pareciera que, es más así lo es, había caminado mucho dentro de mi vida interna y de repente llegué a un oasis llamado “abril 2012″, contra cualquier vaticinio antiguo del calendario maya.
No tengo claro por qué tratamos con insistencia de encontrar el amor, cuando en realidad la fuente primaria está en nosotros. Creo que esto lo dicen los diez mil quinientos libros de auto ayuda y géneros parecidos, pero por más que se lea, incluso que yo lo escriba, para muchos, incluyéndome no es más que una linda frase de auto realización; hasta que de repente lo viví a plenitud.
Reconocí mi voluntad, esfuerzo y coraje cuando decidí cruzar la cordillera latino americana rumbo a Chile al Desierto de Atacama, había una sóla razón, reconocer en un hombre, un poeta, mi lado más hermoso que corresponde a la escritura, un amor tejido en letras que desde septiembre del año pasado, reconquistó mis fuerzas y alineó mi vida interna.
Perderme en sus pupilas ha sido el ejercicio de amor más intenso que he realizado, sabía que poéticamente era posible, pero no que podía vivirse. Es así, hoy vivo en sus pupilas color miel, sin promesas, sin esfuerzo por conquistar nada, simplemente pernocto a su lado y abrazo sus dificultades. Mi poeta sucumbe ante el desierto de Tamarugal. Debo proteger su historia, ahora mía. Sólo puedo decir que a ambos la vida nos puso frente a frente justo cuando los dos nos necesitábamos para salvar nuestra fe en el amor y sus posibilidades.
No hay nada hacia el futuro que nos de certeza de compartir la vida. Sólo tuvimos un hermoso e intenso presente que nos corroboró que Dios escribe en letras torcidas. Ahora el tiempo es nuestro tránsito. Pero esa fue una de las enseñanzas del viaje, que cuando amas, el tiempo, los muros, las agonías se disipan, quedando la voluntad, el milagro. Nuestro encuentro fue eso, un gran milagro, como los que suceden en ese desierto donde ver florecer mangos, aguacates y limones, es una proeza de la natura. Justo donde crees que no hay vida, es donde Dios más se manifiesta en esplendor.
A mi peregrinaje no fui sola, mis manos se sostuvieron por mi amiga Raomely. Jamás tendré como cancelar alguna deuda de alma con ella, sólo pido conseguirmela en todas las vidas posibles. Hoy la defino como uno de los rayos solares que espantan mis sombras. Ella fue testigo de mi coraje, de mi amor lleno de misericordia y aunque muchas veces las lágrimas estuvieron, ella sabe que en mí la paz era mi sustento.
Nos adentramos a los desiertos más áridos de Chile y considerados los más rudos del Planeta. Atacama y la pampa de Tamarugal, son zonas áridas pero con una hermosura ilusionista, son tierras que te hablan con la brisa seca, su sol anaranjado y las temperaturas oscilantes que enloquecen. Sobrevivir al desierto fue una realidad. Porque además todo lo que pensamos de esos predios, fue justamente lo que no era. Reconocimos entonces la necesidad de olvidar la expectativas y simplemente entregarnos a lo que ambos desiertos quisieron enseñarnos.
Así fue nuestra visita a la Laguna Cejar, queríamos ver el amanecer y la carretera nos llevaba con el sol en la espalda, yo me puse brava, no entendía cómo para ver amanecer ibamos en otra dirección; hasta que la planicie de la laguna nos dio la respuesta. Ante nosotros se iban despejando unos picos inmensos que poco a poco nos dimos cuenta tenían nieve en su cúspide, descubrimos luego que uno de ellos era el volcán Licancabur. Además el querer contemplar, nos hizo pasar primero por la prueba de soportar los 8 grados en los que estábamos. Jamás me habían dolido tanto las manos, y aún así las forcé para poder hacer fotografía. Recordé aquello que dicen los lobatos scouts “vencerse así mismo”. El sol tuvo la delicadeza de subir con lentitud, cuando la luz nos abarcó, nos encontramos ante un paisaje bucólico, frío, pero de una serenidad que daba temor.
Yo le había prometido a San Miguel caminar descalza en el desierto, ya lo había hecho en Francia en el Mont Saint Michele, allá se me congelaron los pies, en Chile se me quemaron; en ambos momentos no quedaron daños, mi piel resistió las pruebas, hasta donde pude y repito sin daños. No caminé por mí, caminé por mi Poeta, y lo cuento no para adornarme de santidad, sino para pedirles que si aman a alguien hagan lo necesario para su sanación, sea cual sea la circunstancia, la fe en verdad mueve montañas, en mi caso cordilleras nevadas.
Raomely no estaba muy convencida de que hiciera algo así, de hecho me pidió ponerme los zapatos una y otra vez; de repente me dijo “yo también caminaré descalza un rato” , la vi llena de amor y entendiendo por qué lo hacía y me acompañó un rato. Yo no pude decir nada, sólo veía sus pies descalzos a mi par y sé que su oración iba en el mismo sentido. En realidad no tenía que hacerlo, pero esto consagró nuestra amistad. Nuestra salida del desierto paró en el “valle de la paciencia” una inmesidad de arena y piedras al oeste de San Pedro de Atacama, extrañamente alli fue donde nos paramos a recoger arena para traer a Venezuela y regalar a quien la necesite. La paciencia en ambas no es precisamente el mayor don que ejercemos, y es justamente el que nos entregaron.
Fue poco tiempo, pero fue el tiempo que Dios dispuso y en enseñanzas concentradas. Al final no éramos más que dos mujeres muy, muy distintas, que creíamos ser amigas, hasta que torcimos hasta la nubes comprobando que sí lo somos. Entonces acoplarnos, decidir por consenso, ser malcriadas ante el cansancio y luego olvidarlo; mantenernos en silencio cuando la contemplación era el lenguaje, saber que era nuestro tiempo juntas y también distantes; porque cada quien iba al desiserto por motivos distintos, aunque ambos sanadores; todo se resumía en acompañarnos y además sin juicio alguno de pasado, presente o futuro.
Como lectoras incansables y llevando a Neruda en nuestra alma, fuimos a todas sus casas, pero la que importaba era Isla Negra. Recorrimos los predios del insigne poeta, entendimos cómo su pulso dejó la obra escrita para la humanidad, un sitio realmente mágico, que fue construyendo poco a poco y sustentado por infinidad de amigos. Descubrí que Neruda dormía con una oveja de peluche, lo que terminó de darle sentido a las ovejitas con las que me despido en twitter cada noche. Metimos nuestros pies en esas aguas gélidas del Pacífico, no nos dio chance de nada, sólo de huir del agua. Pero plácidas nos sentamos en una roca a descansar nuestra travesía. Luego corrimos desesperadas detrás de un autobús que no iba a Santiago de Chile, cuando en la parada había estacionado cuatro que si nos podían llevar. Isla Negra nos dejó con el influjo de toda la poesía del mundo concentrada en sus paredes, respirada por nosotras a todo pulmón.
El rugido del Pacífico y la voz sorda del desierto, son los sonidos más particulares que me traje. Pero el sonido que se quedó en mí y me da las buenas noches, es el acento chileno de mi poeta; aunque él diga que la que tiene acento cantadito soy yo. Su voz es la melodía que desplazó a mis latidos. Su pecho dispuesto a mi ternura, es ahora una vocación de vida. Que no se me olvide jamás que hay hombres que te rescatan sólo con tomarte de las manos. Esa fue mi otra lección del desierto, que para amar no hace falta ni siquiera nuestra sexualidad, para amar sólo hace falta estar presente en la vida de otro, aceptando no cargas, sino batallando juntos. Hoy sé que es posible. Saber estar juntos en cualquier circunstancia.
Mi abril milagroso me deja serena, con lecciones talladas al alma. Con mi vida interna regenerada de tanto caos diario y proyectos vencidos. Quedé desnuda ante la vida, expuse lo que soy sin temor y a cielo abierto, pero abrigada totalmente por Dios.
No crean que sólo nos dedicamos a vencer nuestra humanidad. Comimos todos los mariscos del Pacífico conocidos y desconocidos. Conocimos un dragón gigante que por un embrujo se volvió una duna y ahora custodia la ciudad de Iquique, que tal vez es mi Avalon. Nos gastamos todo el cupo de dólares de la tarjeta de crédito en vestidos, medias y libros. Nos dejamos conquistar por una ciudad que es un Don Santiago de Chile. Desayunamos como unas cerdas cada día, tras día, todos los días. Fuimos a faramallar a Viña del mar y Raomely dijo que el anfiteatro era como el de la concha acústica de Bello Monte (Caracas), creo que fue exceso de yodo en su cerebro.
Tomé fotos justo donde me dijeron que no podía hacerlo. Me excedi la velocidad permitida en las carreteras del desierto. Manejé sin licencia. Me robé un gajo de uvas de Veramonte uno de los viñedos a las afueras de Santiago. Raomely me hizo (sí fue ella) pedir cola en el desierto. Descubrí un pueblo llamado Algarrobo donde está mi casa tipo canadiense, allí puedo ir a vivir y sembrar mandarinas con semillas venezolanas, que por supuesto debo pasar de contrabando. Fuimos a misa en la iglesia de San Miguel para agradecer absolutamente todo.
Como siempre en la iglesia que pude me robé algo, es mi cuota de pecado y retaliación contra la Edad Media. Fuimos al zoológico y quise traerme un zuricato, recordando a mi gran amigo Daniel Palacios, pero creo que la aduana me iba a pedir muchas explicaciones, por cierto sé que cuando lea esta crónica la próxima vez que me vaya de viaje, me va a querer amarrar a una silla, pero él sabe que es el Brad Pitt de mi corazón. Salté como niña de 5 años viendo los pinguinos y un oso polar, que sólo habían estado a mi alcance en NATgeo. Nunca aprendí a hacer conversión de moneda por más que Rao me explicaba. Escuché entre mis propios ronquidos las carreras de fórmula 1 que ella veía a las tres de la mañana. Supe que mi ropa arrugada no le importaba a nadie en Chile.
Fuimos a la tumba de Andrés Bello y lloré conmovida, ojalá mis letras sean pulcras como él lo pedía. Entendí claramente por qué decidió quedarse en suelo chileno y dejé de sentir pesar por eso, no había mejor país en el continente americano que le dejara ser quien fue. Nos acompañó hasta el metro una perrita en celo y todos sus machos. Nos perdimos buscando un parque estaba justo saliendo del hotel. Quisimos cometer delito al ver el guapo gendarme de la Corte Suprema de Justicia. Hicimos tanto en tan poco, pero repito, en el tiempo que Dios dispuso. Sé que la crónica de Raomely completará lo que aqui digo. Nuestros recuerdos del viaje quedan enlazados.
En mi travesía nos cruzamos con personas que entendieron mi proeza y mis razones obvias de ir hasta allá. A ellas no las nombro aqui porque dejar sus nombre en silencio es parte del tesoro que deb0 resguardar de esta historia. Mil gracias por haberme permitido entregarle a mi poeta una dosis de esperanza. La kabbalah dice “proteje a otros, incluso a los desconocidos, para que alguien en algún instante te proteja a ti”. Gracias por hacerlo.
Escribo esto para dejarlo de testigo. Para que cuando dude de las cosas que son importantes venga de nuevo a mi laberinto y las encuentre. Porque si algo es cierto es que al cerrar este escrito, de mí al futuro no quedará más que mi polvo esparcido por los campos de Marte en París; pero mientras llega ese día, hoy puedo decir que soy la mujer que decidí ser y al fin sé lo que es el amor .
—–
Una vez mi poeta me dijo: “Escribes lo que sueñas, sueñas lo que escribes y para mí eso eres, eso representas: el almíbar de un sueño, la sangre de mis palabras más queridas” Hoy yo le digo: “Soy un sueño realizado en ti, eres para mí el pergamino más antiguo donde por primera vez se escribió un te amo”.
Bitácora del desierto 2012
Música en el Laberinto: Amor del bueno – Reyli & Miguel Bosé
27 abr 2012 Dejar un comentario
in música
Como un cuchillo en la mantequilla entraste a mi vida cuando me moría como la luna por la rendija así te metiste entre mis pupilas. Y así te fui queriendo a diario sin una ley sin un horario y así me fuiste despertando de cada sueño donde estabas tu Coro: Y nadie lo buscaba y nadie lo planeo así en el destino estaba que fueras para mi y nadie lo apostaba aquello fuera tan feliz pero cupido se apiado de mi. Como la lluvia en pleno desierto mojaste de fe mi corazón ahogaste mis miedos como una dulce voz en el silencio así nos llego el amor amor del bueno Y así te fui queriendo a diario sin una ley sin un horario y así me fuiste despertando de cada sueño donde estabas tu Coro: Y nadie lo buscaba y nadie lo planeo así en el destino estaba que fueras para mi y nadie lo apostaba aquello fuera tan feliz pero cupido se apiado de mi y nadie lo apostaba aquello fuera tan feliz pero cupido se apiado de mi. [http://www.youtube.com/watch?v=g03Q7ccI2zA]
Mi Laberinto: A mi regreso (desierto de Atacama)
27 abr 2012 Dejar un comentario
in lo que siento, Mi vida
Ahora sé que el desierto es capaz de atesorar milagros, que la naturaleza florece soportando inclemencias, que el corazón resiste cuando la luz de Dios se manifiesta.
A mi regreso quedan semillas de bosques frondosos, senderos limpios donde sentarnos a leer las auroras.
A mi regreso queda la templanza de los designios, el valor de la propia sangre y los deseos ajustados que han dejado de bordear la carne para tejer en el alma.
Sí, a mi regreso queda haber hecho lo necesario para rescatar las sombras y ponerlas a danzar con el sol dorado que se pierde en las dunas.
A mi regreso estás tú. Poeta.
Laberinto ajeno: Poema Luna de Abril de Andrés Eloy Blanco
01 abr 2012 Dejar un comentario
Luna de abril, descotada, con aguazal circunscrito, desnuda, con desnudez pura de pecho con niño.
Luna llena, ubre de vaca, con lucero becerrillo; ¡qué puro se pone el pecho cuando se le cuelga el niño!
Esta noche yo no siento ni sombra de odio por nadie ni pena de verme preso, ni ganasde que me quiten los grillos que me pusieron.
Nada hay más impuro, nada, que el pecho de las mujeres, pero no hay nada más puro ni mejor para mirarlo que un pecho fuera del pecho y un niño al lado.
—-
Publicado en twitter por @libreros .Como siempre gracias Roger por traernos joyas traspapeladas en nuestra memoria
—
Andrés Eloy Blanco, poeta venezolano (1897-1955). Biografía en http://www.los-poetas.com/b/bioblanco.htm



















