Mi laberinto: Sin retazos

La luz de las velas se reflejaba en el espejo mortecino.

Su imagen envejecida se veía aún más distorsionada, las sombras marcaban sus arrugas y disfrazaban sus lágrimas.

Detrás de ella una cama vacía con sábanas blancas, hablaba de noches frías.

Sobre la mesa de costura una gran colcha estaba por terminarse. Aun casi ciega, noche tras noche cosía un retazo más.

Sus manos ya eran frágiles, pero diestras y a veces sangraban con facilidad heridas por la aguja. Pero esto no la detenía.

Acarició con pausa su trabajo, se dedicó a sentir con calma las distintas texturas de las telas, todas eran diferentes.

Cada retazo había sido recortado de vestidos que usó en su juventud.  Más que una colcha, era un diario de sus recuerdos de mujer.

Un clóset lleno fue lo que quedó de sus amores; la memoria de su corazón eran pedazos de tela.

Aquella noche al terminarla de coser, se dio cuenta que al fin podía abrigarse con ella… Recostó su cuerpo, cerró sus ojos y al cubrirse… -siguió sintiendo frío-

Diluida en el tiempo, ahora no tenía ni los vestidos, ni los amores…

Es simple, no  puedes dejarte  amar por retazos…

16 julio 2010

Fotografía de Artemisa126 http://www.canonistas.com

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3 comentarios en “Mi laberinto: Sin retazos

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