Crónica 5: Los grillos a veces gritan

Hay noches más oscuras que otras y no hablo de alguna acostumbrada falla eléctrica precisamente. El llegar a casa ya había sido intranquilo, cerca de las 7 de la noche manejaba en un tráfico más fluido a la altura de Petare sentido oeste; cuando paso por allí me da inquietud, más de una vez vi atracos en la cola vía a la universidad, así que la evito. De repente en una de las curvas apareció un muchacho caminando por el borde, por muy poco espacio pude haberlo atropellado, un giro de volante evitó que lo lastimara… peor que lo matara; así de sencillo, en minutos mi historia, la de él, la de muchos, pudo haber cambiado, hoy lo puedo contar sólo como un susto.

Me sentí muy mal física y espiritualmente, una taquicardia que no cesaba me llevó hasta Farmatodo las Mercedes, efectivamente tuve una subida leve de tensión, era desagradable todo lo que pensaba y lo que sentía. El sentimiento fue peor cuando le conté a algunas personas y muchas veces la conclusión fue: “ah total seguro era un loco”; entendí que para algunos el valor de la vida se escurre si la calle es tu casa.

Hice todo lo que pude, bañarme despacio y por largo tiempo, tomar una infusión, jugar con la perrita de la casa, tratar de distraerme. Aún así tuve esporádicos momentos de llanto, involuntarios y desconocidos. Pero la noche no había terminado… pocas horas después cerca de las 12 un frenazo estrepitoso sonó en la calle, al poco momento escuché un “bájate guevón” y supe inmediatamente que era un atraco en medio de los gritos desesperados de una niña: “¡mi papá!, ¡mi papá!” Me asomé de inmediato y lo único que atiné a gritar fue un “suéltalo” desesperado, grité con toda la fuerza que pude además pensando que estaba muy alto con respecto a la calle.

Los atracadores arrancaron de inmediato con la camioneta que robaban y el carro que los detuvo y en plena calle quedaron abandonados padre e hija. No se escuchó ningún disparo, eso me aliviaba algo, pero la incertidumbre de saber si estaban golpeados o heridos de otra manera no me daba paz. La niña siguió gritando, hasta que vi que el papá la metía entre su pecho, me sentí desesperada y les pedí que no se movieran que los bajaríamos a buscar, ellos no hicieron caso y se metieron por una de las calles, pensé que dudaron de mi ayuda, yo podía estar implicada, ya no confiamos en nadie…

 Mis vecinos que me escucharon gritar una y otra vez, salieron a la terraza, yo subí y les conté lo que había pasado y les dije que bajaría a ver si estaban bien, me miraron como una loca perdida, pero después entendieron que era lo mínimo que podía hacer y se ofrecieron a acompañarme. Por instinto esperamos unos minutos, menos mal que lo hicimos, porque al poco tiempo los dos carros se devolvieron a toda velocidad por la misma calle, supongo que a buscar las víctimas o a revisar por mi casa si alguien había salido; estoy segura que estaban buscando cobrarse el secuestro inconcluso. Esperamos un poco más y cuando nos aseguramos que no hubo movimiento salimos.

Al bajar no encontramos a nadie en la calle, conduje con el corazón apresurado hasta la garita y al preguntarle al vigilante si había visto algo nos dijo –con cara de asustado- que habían atracado a un señor y su hija, de hecho hasta nos dejó pasar, entre tantas dudas, tal vez él pensó que nosotros teníamos algo que ver y no se arriesgó. Llegué hasta el final de la calle y ya no había nadie. Nunca vi sus rostros, nunca vieron los nuestros, pero lo importante de esa noche es que tanto ellos, como el indigente de la autopista, mis vecinos, tú y yo seguíamos vivos.

Volví a casa y lloré aún con más dolor, me sentía fatal, menos mal que aún había un amigo conectado en google talk, a él esa noche le debí la reposición de mi tranquilidad, lamenté mucho compartir mi agonía, simplemente le tocó… Esa noche y ahora que publico esta crónica él sabe que se lo agradeceré siempre.

¿Cuántas veces se repite esta historia con peores consecuencias? Creo que infinitas en esta Venezuela violenta sin cifras oficiales y risas políticas. Les pido algo como me lo he pedido muchas veces, no nos dejemos vencer, no olvidemos el valor de la solidaridad aunque implique un riesgo. Han pasado algunas noches y trato de no recordar los gritos de la niña, pero a veces el eco los trae. Yo que he amado tanto el silencio de la montañita en la que vivo, descubrí que los grillos a veces gritan.

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7 comentarios en “Crónica 5: Los grillos a veces gritan

  1. ES LAMENTABLE LIC LO Q USTED HA NARRADO … EN NUESTRA QUERIDA VENEZUELA HA AUMENTADO LA DELINCUENCIA , INDIFERENCIA Y DESCONFIANZA …

  2. ES LAMENTABLE LIC LO Q USTED HA NARRADO … EN NUESTRA QUERIDA VENEZUELA HA AUMENTADO LA DELINCUENCIA ,LA INDIFERENCIA Y DESCONFIANZA …

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