crónica 7 (día del médico): Hospital mortal

Fotógrafa: Nele Di Donna. Título: codename California Mountain Snake

Su cuerpo yacía inerte sobre una camilla desnuda. Afuera sus agresores encañonaban al médico de guardia; ellos le contaban que sólo querían darle un susto, no matarlo ¡Sálvele la vida, “doctol”, a no ser que usted quiera ser el muerto! La orden fue clara, el problema estaba en que ya no había nada que hacer.

El doctor Julián entró a la emergencia y ordenó que le colocaran un suero. “Está muerto, cómo es eso de ponerle un suero”, dijo la enfermera. Los ojos del galeno se posaron sobre el cadáver y sin mirarla anunció: “Hágalo, si no quiere que los próximos dos muertos seamos nosotros”. Diciendo esto salió al pasillo y les pidió ayuda a los malandros para subir a “el roque” por las escaleras hasta al quirófano, el ascensor no servía.

Entre los cuatro: doctor, enfermera y malandros subieron el cuerpo hasta la sala de cirugía. Allí estaba operando el jefe de los residentes, que alarmado pidió que sacaran al muerto porque iba a contaminar todo el lugar. “Está bien yo lo saco de aquí, pero usted le va a decir a los dos tipos que están allá afuera, que su compadrito se murió. Eso sí, prepárese, porque el próximo muerto será usted, mire que yo hice todo lo que pude por salvarle la vida”, dijo Julián entre sarcasmo y pánico.

Esta escena que parece un cuento urbano, en realidad pasó en la emergencia del hospital Pérez Carreño de Caracas. Las madrugadas de los fines de semana capitalinos se rigen por códigos de violencia y muerte. Ser un médico hospitalario ahora tiene más riesgos que adquirir la enfermedad de un paciente, también son víctimas de amenazas de los delincuentes dentro de la misma institución de salud.

Escuchar la historia del doctor Julián es sensibilizarse a un realismo mágico que ya se ha vuelto un género de terror; anécdotas que no se llevan en ningún registro oficial, como tantas otras escenas de la violencia cotidiana caraqueña. En el año 2008, el Colegio de Médicos de Venezuela realizó un comunicado presentando todo este panorama y solicitando a las autoridades el resguardo por el personal galeno y paramédico. A la fecha no ha habido una política de seguridad en los hospitales, aún así estos profesionales están noche tras noche cumpliendo con el juramento Hipocrático aunque las balas y las navajas sean compañeras de sus batas blancas, porque la salud también es de todos.

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