Mi Laberinto: Indi me dio refugio

Fue un día pesado, de esos que te quitan fuerzas y retan tu fortaleza; de hecho hasta había sofocado mi fe. Llegar a casa era una necesidad más de refugio, que de descanso. Hice la rutina habitual, jugar con la perra, prender la tele, remojarme un rato, husmear la nevera, navegar el twitter.

No había mayor cosa que leer, hasta que Bobby Coimbra, publicista al que sigo, re envío un mensaje donde había la foto de un perrito que estaba perdido. Decía Yorkshire extraviado, favor darle RT. Lo primero que me di cuenta es que no era de esa raza, sino un  schnauzer, por lo que me llamó más la atención – Wanda, la perrita de la casa es igual-

Indi

Abrí el time line del usuario que enviaba el mensaje y vi que preocupada contaba como lo había encontrado en Los Chaguaramos, pero no podía dejarlo en su casa, ya que tenía una gata y un perro. Sentí angustia, yo sé lo que significa a veces no saber a dónde ir, o peor aún esa sensación de estar desprotegido.

Wanda estaba acurrucada al lado mío, sentí más pena aún. Pensaba en el pobre extraviado y si techo, seguro estaba muy asustado. Entonces hice lo que mi corazón dispuso. Le escribí a Nanna ofreciéndole mi casa de refugio al perrito, al menos hasta el fin de semana, con todas las consecuencias que eso podía traer, incluso los celos de la perrita.

Después de conversar por teléfono, donde ella como madrina protectora me hizo jurar que si aparecían los dueños, lo devolvería. Fui en su búsqueda –con Wanda en el carro- Para mi sorpresa ella no le gruñó, ni ladró. El perrito estaba tan triste, de verdad nunca había visto alguno así, creo que ella entendió lo que estábamos haciendo. Lo cargué envuelto entre una sabanita y me lo llevé.

Esa noche ellos se reconocieron, ella nunca lo molestó. Le tomé una foto que subí a mi twitter y pedí que le hicieran re-envío, la imagen llegó a tener 400 visitas. Le oré a San Francisco de Asís, patrono de niños, animales y de la manada scout (niños y niñas entre 6 y 11 años). Apagué la luz. Él durmió en una alfombrita a los pies de mi cama, dejé que se montara, pero cuando Wanda se subió, él se bajó, supongo que es respeto de territorio. En la madrugada se paró a tomar agua, era como si conociera donde estaba y en la mañana cuando me desperté, apoyó su hocico en mis piernas como dando las gracias.

Me fui a la oficina, le pedí a la perrita que lo tratara bien, me miró algo desconcertada. Él refugiado como le pusimos, tendría como 10 años, algo grande para ser schnauzer y con la cola larga, cosa que me daba mucha risa. Sus dientes blanquitos y las paticas con las almohaditas suaves, hablaban de ser perro de casa. Empezamos una jornada de publicación. En casa acordamos que si no aparecía el dueño,  se quedaba. Total estaba tan viejito que sólo quedaba cuidarlo.

En una fusión entre oración e Internet, el  milagro sucedió y aparecieron las dueñas. Nanna y yo teníamos nuestras dudas, pero describieron de él hasta detalles que no habíamos publicado. Así que procedimos a entregarlo. Ellos vieron la foto por alguien que la pasó del twitter al Facebook y empezó a rodarla; quien diga que las redes sociales no tienen utilidad, espero que después de leer esto lo acepte.

Mientras esperábamos ansiosas, Nanna decía que me había visto en algún lugar, le atiné a decir -¿en los scouts?- Era así, ella fue lobezna en el grupo Don Bosco 21, mientras yo era Akela de la manada masculina. Extraña coincidencia religiosa. Esa noche descubrimos que el refugiado se llama “INDI”. Me cuesta describir lo que sentimos cuando él se asomó por la ventana al escuchar la voz de su dueña llamándolo. Fue como una pomada suave en una quemada, así de aliviada me sentí; sé que conmigo estaría bien, pero con ellos estará siempre feliz.

Muy por el contrario a lo que creíamos, que era un perrito extraviado en Santa Mónica o sus alrededores, Indi se perdió en Montalbán y fue a dar hasta los Chaguaramos. Entonces es cierto el refrán de que se camina más que perro perdido. He imaginado mil veces su travesía, el miedo, los carros, la gente, hasta que llegó a nuestras manos; Caracas no es afable con niños, perros ni ancianos. Puedo asegurar que esta historia es la presencia de un milagro. Esa noche una velita blanca en agradecimiento a San Francisco de Asís iluminó mi corazón.

Si el día anterior mi fe estuvo sofocada, después de dos noches con Indi en mi casa, salí fortalecida de nuevo, la que recibió refugio fui yo.

Cuando papá Dios me habla así, poco me queda que decir. Tal vez: Amén.

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