Mi laberinto: besos callejeros

Un beso en un parque de París. 2009

En una ciudad  como Caracas donde abunda la basura, el congestionamiento del tráfico, las pancartas electorales, la violencia entre conductores, los atracos y asesinatos,  los motorizados irrespetuosos, los cerros cayéndose en cada lluvia y tantas otras dolencias; ver en medio del parque del este a parejas expresando su amor y lujuria en sus predios para mi representa un alivio dentro de tanto tormento urbano.

Sé que hay los moralistas que piensan que estas escenas no son dignas de los niños. La cosa no está en lo que ven, sino en la falta de  padres  que expliquen que  es una expresion de amor que hacen los adultos, sin tabúes, ni recriminar el contacto. También sucede que a veces los mismos padres no manifiestan su cariño entre ellos y a sus hijos ¿Cómo hablar de lo que no se vive?.

Si la naturaleza de la piel fuera enseñada con ingenuidad y libertad, ese escenario no fuera objeto de una conversacion en un blog, sino un agradecimiento a la vida por las personas que expresan sus ganas… En París por citar la ciudad amor del mundo, ver besos en cada esquina es reconfortante, hermoso y  hasta da envidia.

Si pensáramos en  la sexualidad con mayor goce y sin censura, seguro habría más responsabilidad en su vivencia, menos embarazos en adolescentes, menos transmisión de HIV;  porque la referencia no sería lo prohibido – vamos a hacerlo YA -, sino sería lo natural de la vida y del contacto humano, en una etapa prudente donde la entrega sea bajo el respeto, compresión y ojalá el amor.

Si preservaramos esos besos con gran intensidad de las parejas en público, estoy segura que existiría la posibilidad de seguir confiando en los encuentros, ya sean heterosexuales u homosexuales, porque el amor acepta la diversidad. Nuestra naturaleza humana necesita el roce, el abrazo oportuno, un beso robado, eso que los poetas llaman fusión.

¡Dios!  hay que besarse una y otra vez en medio de cualquier calle, a ver si de tanto beso y acurruco,  se borra la violencia de esta ciudad y el oscurantismo sexual presente en pleno siglo XXI.

Yo sin duda estoy de acuerdo con los besos callejeros.

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5 comentarios en “Mi laberinto: besos callejeros

  1. Siempre veo, no sin cierta curiosidad, a los muchachos que, con sus uniformes de liceo, manifiestan su amor con besos y amapuches en la estación del metro; especialmente en Zoológico. Durante un buen tiempo, en las noches al llegar a casa, veía a la misma parejita que se besaba apasionadamente en pleno anden como si el mundo no existiera y esta ciudad no fuera lo caótica y escandalosa que suele ser…
    No podía evitar sonreir, ante la mirada de reproche de algunos, recordando mis besos calljeros…

  2. Hace cuestión de unas semanas regresaba a casa en uno de esos autobuses horribles propios de esa ruta, milagrosamente iba medio vacio. Un par de puestos delante de mi estaba sentada una pareja a la que, como siempre de fisgona, fue imposible no mirar. El le dio un beso en el cuello, luego le dio otro en el cachete, pero quizas por pena la chama se resistia. Finalmente el besó su boca, un beso apresurado pero divino…
    Admito que senti esa envidia de la que hablas en tu post; quisiera ser yo la que sea besada intensamente por mi novio, que nos vea el mundo…
    Yo voy a favor de muestras de cariño en público, ¿de que se debe uno avergonzar? ¿De estar enamorado? JAMAS!
    Lindo post! Saludos 🙂

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