Crónica 10: no pasó nada

Dedicado a Cecimar… mi compañera del Mago de Oz…

Caracas cuando llueve se agolpa como piezas equívocas de lego. Hemos aprendido a lidiar con los charcos que sabemos son huecos, y con el estruendo que no son truenos. Nunca me apuro en llegar a la oficina, sólo sé que debo llegar. La cola de la Rio de Janeiro sentido Este era para perder la paciencia, pero no me importan los embotellamientos porque radio, libro y pensamientos por lo general me dejan avanzar con quietud.

Veía al Ávila distraído entre sus grises; a veces pienso que la montaña es la que dictamina el carácter de la ciudad haciéndola variable, colorida, ausente y sin duda cómplice tanto de luces como de oscuridades. Un golpe en mi vidrio derecho me avisó su temible presencia. Cuando voltee al izquierdo estaba otro y en el reflejo del retrovisor vi dos más. Me estaban atracando 4 motorizados.

Soy de respuestas rápidas y serenas. Baje el vidrio, le di lo que quería -el teléfono- Lo subí de nuevo ante la vista del conductor de al lado y también de los que estaban en el canal contrario, al mejor estilo de circo bárbaro caraqueño. La camioneta de adelante era atracada de la misma manera, pasé rápido de víctima a observador. También el conductor era mujer. Supongo que nos venían siguiendo desde el cruce del Cafetal. En verdad no importa cuál fue el modus operandi, nosotras y de seguro muchos más ese día – como cualquiera- pasamos a ser parte de las estadísticas mudas de robos urbanos.

Manejé tranquila hasta que llegué a la oficina y al ver a mi jefe me desplomé. Mi llanto no era por el teléfono, sino por mí. Sentir que en un instante te pueden arrancar la vida me generó pánico; más teniendo claro las cosas que he ido construyendo para mí, para otros e incluso para los que no conozco. Entonces no deseo un final pronto, tengo nietos en el destino a quienes debo acurrucar despacio y tibio.

Fue un día demasiado largo con el alma llena de agua de charco. Recurrí a las herramientas que tengo: oración y meditación. Recuerdo haber escrito que deseaba ajusticiamiento, debería sentir arrepentimiento, pero no. La kabbalah me habló de no tener temor, entonces lei pausada el mensaje, es bueno saber que Dios siempre ha estado aquí. No pasó nada. Se lo repito a mi cabeza cada vez que puedo. Llegar a casa fue un reto, agradecí no encontrar cola, seguía con miedo. La perrita retozó conmigo el doble de lo acostumbrado cuando llego, agradecí la segunda manifestación del amor del Padre a través de esas 4 patas. Cuando me sintió serena, apoyó su hocico sobre mi pierna y durmió. No pasó nada.

Si te digo que dormí tranquila mentiría, pero descansé más de lo que esperaba. Recibí mensajes hermosos en twitter y facebook, los agradezco todos: amistosos, seductores, juguetones, sinceros; cada quien expresó lo que creyó mejor para mi; todo surtió buen efecto. Salir en la mañana era el siguiente paso contra el temor. Además decidí tomar la misma ruta, nadie tiene derecho a que la cambie. Me detuve en el módulo de Poli Baruta y denuncié, eso me hizo sentir cívica y como le dije al policía con mi acción tal vez a alguien estaba protegiendo a futuro. Se portaron conmigo impecable, les pareció asombroso que lo notificara –Pocos lo hacen- Ante la violencia nos estamos enmudeciendo, grave error.

La vida esta mañana me retaba, tenía que hacer varias cosas en la calle por trabajo, así que respiré suave y seguí. Cuando pasé por donde me atracaron aceleré, jamás frené. No estoy dispuesta a hacerlo. Cuando finalicé y me fui a la oficina manejé con el vidrio abierto en la Cota Mil dejando que mis mejillas y mis pensamientos se aliviaran con el viento y lo logré. A media mañana volví a meditar con la kabbalah y me regaló chispas de energía Divina. Puedo asegurar que poco a poco han retornado a mí.

Mientras permanezca en esta vida, mi presencia seguirá siendo un milagro a diario. No voy sobre exponerme pero tampoco a dejar de salir, ver, probar, caminar, curiosear, ir a tomar fotos a donde sea, dejarme embrujar por la lluvia, conquistar de sopetón mis deseos. Aunque cada día sea una odisea yo sigo aquí; si la muerte me busca que me arranque de raíz como los árboles, con todas mis ramas expuestas pero allá afuera. No encierro corazón ni pensamiento, no nací para ello, soy pata caliente. Al terminar esta nota sigo repitiendo lo mismo a ti y a mí en silencio: no pasó nada.

Anuncios

14 comentarios en “Crónica 10: no pasó nada

  1. Algo parecido me paso hace unos menos, en pleno ajetreo de los arreglos de la boda y saliendo de la peluquería (donde siempre digo que la vida es más sabrosa), allí en pleno centro comercial, dos hombres armados me quitaron el celular, que tenía guardado en la cartera…

    Yo soy un espíritu libre, como bien lo dices una pata caliente, así que eso no me ha detenido, también pienso que no ha pasado nada, porque esta también es mi ciudad…

  2. Lloré.
    Admitir que la zozobra es parte de nuestro día a día me entristece, hasta yo he sido víctima de la delincuencia y, así como usted, también he denunciado. Por otra parte, el párrafo con el que cierra está lleno de espiritualidad y fortaleza.
    En estos momentos supero un accidente que trajo como consecuencia una operación, y de verdad que leer sus últimas líneas me fortalecen ante los obstáculos que ahora debo superar.
    Muchas gracias por compartir este relato. Saludos.

    • Gracias por leerme… Gracias mil por lo que escribes de mi último párrafo, al final fue Dios a través de mis manos ayudándome a sanar.
      Espero que te recuperes pronto, que vuelvas a tu ritmo habitual, sólo es una etapa, tu verás… va a pasar.
      Mi respeto para ti… un abrazo

      Busca en el Laberinto “el inbox de Dios” se que te va a ayudar en este momento

      Si tienes twitter estoy como @clariolatrig

  3. Una actitud muy acertada, esta nota la deberían leer todos aquellos que apenas roban lo que piensan es en irse del país. Beso! muy alegre y contento que no pasó nada.

  4. el 28 de septiembre de 2007 robaron mi casa. Salí a las 12:10 y mi esposa llegó a casa a las 13:00 horas. Me habló para preguntarme por qué había hecho tal tiradero en la recámara. De inmediato le dije q si mi lap estaba allí. Me dijo q no, pero que había un tiradero: dinero en billetes y monedas en el piso, algunas tarjetas de crédito y de débito también regadas.Ella suponía que me había llevado la lap para mi trabajo.
    Ese día estaba en Manzanillo, a 100 kms de casa, revisando un discurso con el alcalde porteño, que rendía su informe esa noche. El discurso me lo llevé en una memoria usb. Por eso dejé la lap
    Supe quién había ordenado robar mi casa y por qué se habían llevado “sólo” la lap. Supe también que ese día había pasado a ser uno más en las estadísticas.
    Espero que estés mejor. Habemos muchos que te acompañamos aunque jamás nos hayamos visto las caras.

    • Estoy conmovida con tu comentario. Me alegra que tu esposa no sufriera el mal encuentro. Ser periodista siempre te hará blanco, más en México,no sabes cuanto lo siento…

      Te lei pausada y la última línea me erizó hasta el alma “Espero que estés mejor. Habemos muchos que te acompañamos aunque jamás nos hayamos visto las caras.”

      Gracias por esa compañía no hace falta la cara, a este mundo le está empezando a faltar es alma… al meno sé que tú también la llevas sana y de mi cercana. 🙂

      Abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s