Mi laberinto: Muñeca de Reverón

Muñeca de Reverón - Librería El Buscón, Paseo Las Mercedes, Caracas, junio 2011

Conocí la obra de Reverón cerca de los 15 años. Fue la época en que no tenía claro cuál era la corriente artística que deseaba desarrollar y descubrí en una tarde con sus muñecas expuestas en el Museo de Arte Contemporáneo (ex Sofía Imber) que la plástica no era mi camino, pero si un lugar al que irían una y otra vez mis ojos.

Las muñecas estaban expuestas en una sala blanca, ellas distribuidas y dispersas como un grupo de mujeres que se conocen pero no se hablan. Este recuerdo estuvo mucho tiempo guardado en mí, hasta que las volví a ver en la película de Diego Risquez, recientemente en cartelera.

Cuando Reverón le pide en uno de sus desvaríos a Juanita, que arropara a una de sus muñecas para que no se resfriara, simplemente gravité. Cuántas veces no le hemos dado alma humana a cosas que nunca podrán tenerla. Pareciera un juego que se queda en la infancia, aunque muchos no hemos dejado esa práctica; le colocamos hasta nombre a los carros, a las cámaras; pero es que resulta que lo humano es necesario incluso en lo que no lo es.

Creo que es un tema de soledad, las muñecas, los juguetes en general llenan vacíos de amigos que no estaban, hermanitos que no se tuvieron, o materializaron pérdidas, como lo hice yo con un oso de peluche, que en algún momento sustituyó la compañía de mi papá.

Reverón hizo los cuerpos de sus muñecas con su febril imaginación, a algunas las vistió de damas a otras de gozonas. Les delineó labios, ojos, sonrisas o ausencia de ellas. Con cabelleras frondosas o escondidas entre sombreros extravagantes.

El hizo con sus muñecas lo que su corazón masculino no logró con mujeres reales, probar la multiplicidad de bocas y pieles. Reverón conoció lo femenino a distancia y con un amor de terciopelo virgen que le brindó Juanita siempre. Unos porque no le dan valor al encuentro, entonces se dedican a buscar y no satisfacerse, otros como él porque no se percató que podía vivirlo y ser su realidad recurrente. 

Cuántas veces no hemos querido ser una muñeca, ya sea en apariencia o para alguien. Cuántas veces no hemos sido la muñeca de algún hombre que necesitaba vaga compañía y encima mostrarnos bonitas. Pero es que desde pequeñas nos dijeron muñeca: Allí viene la muñeca de papá, y no sólo nos lo creímos, sino también llegamos a pensar que debía ser siempre así. Yo soy una muñeca pero no por lo que muestro por fuera sino por lo que mis ojos cuentan sobre mi alma.

Todo esto ha llegado a mi pensando en un Reverón que tocaba un piano falso a todas sus muñecas, perdido de la realidad y olvidando que la única mujer realmente presente era Juanita y su amor infinito por -el maestro-.Sufro por su falta de lucidez, la misma razón de su genialidad, poco soporto pensar en el momento de su encierro en el manicomio lejos de su costa, lejos de sí mismo y sus lienzos.

Me gustaría tener la oportunidad de abrazar una de las muñecas de nuestro pintor, a ver si en ese abrazo se me queda plasmado de nuevo un Macuto que ya no existe, una luz transparente que el pintó que yo nunca he visto o un murmullo de mar sin dolor que ahora nuestro litoral ya no vive.

Quisiera abrazar a una de esas muñecas sí, para que nunca se me olvide de nuevo lo que encontré en mi adolescencia observando la obra de Reverón y para borrar ese sentimiento de estupidez que me llega a veces porque nunca fui a su castillete y ahora yace en el fondo del mar, abrazado por las olas de aquella tragedia.

Si Diego Risquez llega a leerme, que sepa que lo que ha hecho al entregarnos esta película es devolvernos en unos minutos lo sublime y atolondrados, pero al final sublimes, que los venezolanos podemos ser; cuando abrimos los ojos llenos de paz y jugueteamos serenos cerca del mar.

Ese es el país que se quedó capturado dentro de estas muñecas, un imaginario rico de posibilidades, sonrisas y progreso; yo busco mirar eso en los ojos de los demás, a veces mi búsqueda duele; pero no me importa yo sigo insistiendo y por suerte, muchas veces miradas condimentadas de esperanza encuentro, y sino la mía se las devuelve, porque yo también soy una muñeca de Reverón.

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