Mi laberinto: deuda rosa

Tarea: relate el encuentro con una persona con la que se tiene una deuda. Voz en primera persona.

Fui fanática de las carteras, a veces me imaginaba convertida en un pulpo gigante, que en cada tentáculo lucía una para ser la envidia de todas las demás mujeres. Recorrí continentes enteros buscando novedades, nuevos estilos, tamaños y colores. Tuve más amigos en los distribuidores chinos que en mi país. Conocí los recónditos depósitos que tienen los musulmanes en Marruecos. Eliminé la biblioteca de la casa y en su lugar puse parales con cientos de carteras colgadas; pude llegar a usar más de una diaria. Estuve plena de mi inventario, hasta que vi el bolso rosado de Lupe y enloquecí. No me lo creerán pero no tenía nada de especial, era un diseño común, la lona poco a poco había perdido su color hasta dar aquel rosa viejo que en ningún lugar había visto.

En la primera oportunidad que tuve le dije mi fascinación, frunció el ceño, hasta creyó que me burlaba, me preguntó si estaba deprimida por mi divorcio con Raúl, yo traté de ser disimulada con mi ansiedad, pero no tenía nada que ver con el tipo aquel, es que cada vez que ella paseaba su bolso rosado mis ojos se desorbitaban. Hasta que una tarde en el gimnasio se lo pedí prestado; Lupe me miró con cara de lástima y accedió. A partir de ese momento el bolso rosa se convirtió en mi mejor amigo, mi ex marido no podía entender cómo después de haber invertido en cientos de carteras yo andaba con “esa loneta” como llegó a llamarle, creo que el viejo no se veía con frecuencia la cara en el espejo.

Me volví famosa al llevarlo a todas las fiestas pomposas de la ciudad, escuchaba las críticas en los pasillos ¡Qué viejas más envidiosas! Un día me llegó la noticia que Lupe se marchó del país, no se despidió, ni buscó el bolso, seguro por vergüenza, más de una vez le salvé su ajuar nocturno. Yo me quedé con el bolso, no me lo regaló, era un préstamo. Yo asumí con placer mi deuda como el beso de un amante.

Años después en unas vacaciones en Cancún, sentada en el bar del hotel, Lupe caminaba de frente a mí con su retahíla de hijos, ella no me miraba, sus ojos estaban clavados en mi bolso rosa. Yo eché la silla hacia un lado y con mi cuerpo lo tapé, levantándome la saludé efusiva y retocé con sus hijos más pequeños – Mírate pues, estas como siempre de rozagante y ahora con esos morochos mucho más ¿Cuántos hijos es que ya tienes? ¿Seis? Sí, sí seis porque los dos mayores estudiaron con los míos. Bueno yo no tuve más que esos dos, me daban miedo lo de la gravedad y otro marido tonto ¡Pero mírate! – No dejé de hablar un solo instante con tal de que no tuviese oportunidad de preguntarme nada por el bolso -¡Chica la hora, ya debo hacerme mi masaje, espero no tengamos que vernos dentro de cuatro años más! – Le sonreí, sobé la cabeza de los morochos y besuqueé los otros dos mayorcitos; ella balbuceó un hasta luego de lo más educado, vio como me guindaba el bolso al hombro, trató de decirme algo, pero levanté mi mano con un ademán de despido, ella arrugó la cara, yo como si nada le di la espalda y seguí.

Cuando llegué al spa y fui a sacar la tarjeta de reserva, me di cuenta que era el bolso equivocado, en vez de mis cremas de Victoria Secret y el protector solar, habían dos teteros, un par de pañales y varios juguetes. No supe en qué momento la desvergonzada esa me cambió el bolso. Me acosté en la camilla para mi masaje y entre apretón y apretón pensaba que de verdad hay gente que no sabe perdonar las deudas.

Anuncios

2 comentarios en “Mi laberinto: deuda rosa

  1. Jajaja! No pude con este post! xD
    Una amiga mia un dia tomó prestado mi bolso preferido, eramos unas púberes aun y ella lo necesitaba para no se que. Pensé que lo regresaría días después pero pasaron los meses, los años… Fuimos a la universidad e incluso compartimos apartamento unos meses y ella seguía usando mi cartera con lo que considero gran descaro. No lo iba a pedir, ella debia tener suficiente conciencia para regresarlo a su dueña.

    Han pasado mas de 5 años, ella ya es arquitecto y yo ya casi médico, esperarias conseguir a una mujer bohemia con un bolso “arquitectonico” pero… aquel dia caminaba por un centro comercial y ella se aproximaba con su novio y guindando de ella: MI CARTERA.

    Saludos 🙂

    • JJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJJAJAJA Ángela no dejo de reirme JAJJAJAJAJJAJAJAJAJJ se lo acabo de leer a un amigo y no puede creer que esas cosas hacemos las mujeres ajajjajajaja, yo le dije que sí, que hacemos esas cosas y a veces incluye hombres jajajaj, de verdad gracias por escribirme, la realidad siempre supera la ficción, mándale el link de la historia por correo ajajajjaja, un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s