Mi Laberinto en Río de Janeiro: El Corcovado y yo

Fue un momento emocionante, cuando por fin despejó la nube y pudimos verlo, yo lloré de la emoción, no sabía si tomar la foto o quedarme embelesada viéndolo.

Es una obra arquitectónica que se merece su nombre de -maravilla- .

No es la imagen en granito, ni siquiera el esfuerzo de construcción de la época en que se ensambló (1931), es la sensación de esa presencia superior y que encima es nuestro hermano.

Mi encuentro con Él fue en unos días en que necesitaba un gran empujón de fe y paz. Lo recibí.

Señor en ti confío.Tu mirada dulce sobre mi familia, mis amigos, el mundo. Amén.

—-

Cerro el Corcovado (713 mts.) – Río de Janeiro

 

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