Laberinto a dos voces: Su tormenta, mi remanso

TU VOZ:

No tengo nada.
Ni la tormenta de tus ojos,
ni la furia de tu cuerpo:
preferiría morir de tu indiferencia que vivir
en esta sensación que es perderte en la llovizna que seca mi boca
con el agrio sabor de la distancia,
la sombra de tu rostro que veo reflejado en los talentos que tuve que vender,
al hipotecar mi espíritu desnudo y destruido,
al desahuciar mis esperanzas,
al mancillar todas las promesas y los sueños por amar a una mujer como tú

————————–

MI VOZ:

Ahora tienes todo, de tanto atizar tu aliento en mis pupilas, se volvieron caldero de afectos. La furia ha cesado convirténdose en un remanso donde sólo caben atardeceres plenos. Hemos de morir poco a poco sí, pero ahora con la presencia consumada de la luz que nos ofrecemos a tiempo completo. Ya no ha distancia posible para este fuero, nuestras almas erradicaron las sombras, trepamos muros y desconsuelos.

Tenemos cada uno el espíritu vestido por los abrazos del otro, y así fundidos en la esperanza que trae la primavera de nuestro encuentro, hemos dejado de hacer promesas, para dar paso sin dudas a este sueño de vivirnos desde adentro, en este y el próximo tiempo.

caricia diaria – Caruao, costa central Venezuela

Entrada original del poema “Confrontación (versión acústica) por Alejandro Cifuentes en su CATALEJO

 

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