Laberinto a dos voces: Gentileza

TU VOZ

Con la misma gentileza,
una delicada mano de hombre acaricia los cabellos de una hija
que mima ensimismada una muñeca despeinada sobre su vestido,
o estrecha los delgados pliegues de una falda que regalan la hermosa imagen de una mujer
sobre la hierba mojada en una tarde de domingo,
o abraza los hombros cansados de una madre que mira con ternura,
los gestos que la vida ha puesto en un extremo de su mirada.

MI VOZ

Tengo mi mirada endulzada de tanto leerte, si  en algún momento de mi vida tuve ausente la gentileza, con tu presencia rescato las palabras más suaves, los besos húmedos llenos de cánticos, los abrazos eternos diciendo nada y convocando al amor eterno.

Tus manos me enseñaron que todo era posible solamente con una caricia, que no era necesario tanto desespero para conseguir un te quiero, apaciguaste mi fuerza dándole paso a mi pasión enternecida; simplemente le dijiste a mi cuerpo con dulzura que no esperara la eternidad, sino contemplara el milagro del momento.

Recordé el privilegio de caminar sobre la hierba mojada llena lágrimas de nuestro primer encuentro, entonces hice descalzas mis palabras para ser sólo gentil ante tu alma que ha rescatado la mía del incendio que la vanidad en algún momento pobló mi pecho.

 —

Entrada poema “Los extremos” de Alejandro Cifuentes en su CATALEJO

http://cifuenteslucic.wordpress.com/2011/05/11/los-extremos/

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