Mi laberinto: rosa de piedra

Tú mujer que te vuelves rosa de piedra, que crees que sólo vivir en danza da felicidad, has vuelto de tus espinas la ausencia total del amor.

Tú mujer que te vuelves rosa de piedra y crees que sigues siendo deseada por tu condición de rosa, pero no ves que en la suavidad de los pétalos está tu poder bajo el cielo, hecha piedra no existes, sólo decoras.

Tú mujer que te vuelves rosa de piedra, ríndete fuera de tus caprichos, renace una y otra vez, no importan los pétalos marchitos al sol, lo que vale es las ganas de volver a florecer.

Tú mujer que te vuelves rosa de piedra, deja que el viento te acaricie de nuevo, descubre en un hombre o en una mujer el amor, tu fortaleza sexual es lo más importante de tu ser, valóralo.

Aléjate de otras rosas de piedra, a veces de tanto ver y sentir la dureza ajena se corre el riesgo de volver granito tu sombra, luego pesa. Si eres rosa en capullo cuidado con aquellas que ya peterificaron sus pétalos y por eso te parecen bellas, si te dicen que el amor es una trampa, no es más que haberse vuelto rosa en el desierto.

Acepta que habrá quienes acechen tu belleza, pero no permitas que dobleguen tu espíritu, de vez en cuando exponte al mundo, las rosas de piedra se pulverizan rápido, en cambio las de verdad hacen de sus historia abono de la vida, esa que siendo rosa te pertenece.

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2 comentarios en “Mi laberinto: rosa de piedra

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