Mi laberinto: Cuando una amiga ya no está

Mi abuela decía que el corazón no era un músculo sino un depósito de afectos y que si lo hacíamos bien en la vida, el depósito crecería más y más. Lo que mi abuela nunca me dijo, es que a veces las amigas se van; voy a hablar en femenino, porque al final las mujeres si aprendemos a valorar a las demás mujeres encontraremos grandes amigas y aunque los amigos son importantes, descubrir el espacio femenino garantiza un certero equilibrio.

Pero este post no es sobre una amiga – mujer que ya no está, sino de una amiga – perra que se volvió una bendición en mi vida: Wanda, ella es una linda perrita schnauzer; hoy que inicia la primavera, dedico mis letras a ella, porque en su naturaleza silente y tierna, encontré lo mejor de mi humanidad.

 Wanda y yo cumplimos este marzo dos años de convivir. Ella vivía en la casa principal donde está mi madriguera. Cada vez que yo llegaba la encontraba afuera en el estacionamiento echada en su camita. Nunca me ladró, yo no pude evitarlo empecé a jugar con ella, me encantan los perros, me hacía feliz verla al llegar.

Una noche, no mucho tiempo después de haberme mudado, escuché por las escaleras sus paticas bajando, rasguño la puerta y cuando abrí, ella estaba sentada frente a mí con un pescadito de plástico en el hocico, le dije que pasara y ella después de esa noche no dejó de bajar a dormir conmigo.

Al principio era un poco extraño, en realidad me daba como pena con los dueños de la casa, pero Wanda de manera natural, simplemente se iba conmigo cada noche. Al principio miraba a sus dueños como esperando que le diesen permiso, después esperaba que cerraran la puerta de la cocina para bajar y al cabo de poco tiempo bajaba primero que yo corriendo las escaleras.

Una noche se subió a mi cama y se acurrucó en mis piernas. A partir de ese acurruco ya todo cambió, ella pasó a acompañarme cada noche, cada fin de semana. Wanda llegó a estar conmigo mientras hacía cacerías fotográficas, fue a misa, caminó en la cota mil, descubrió la playa y sus olas, fue amada por mis amigos y sin duda por mí.

Dos navidades juntas fue una bendición, es la sensación de los pequeños milagros que se dan sin importar la especie a la que perteneces sino al amor; aquella primera navidad yo puse mi primer pino, sentí nostalgia de no tener a mis papás allí y lloré; Wanda estaba durmiendo en mi cama y cuando me sintió llorar llegó y puso sus paticas sobre mis piernas,  luego pasó su lengua por mis mejillas, sí, ella limpiaba mis lágrimas; algunas veces por otras razones si me veia llorar, simplemente me consolaba.

Cuando me atracaron y ese día llegué austada a la casa, ella tomó todos los juguetes que tenía regados y me los trajo, no dejó de jugar conmigo hasta que yo estuve más tranquila para dormir.

Una vez se enfermó la tuve que dejer hospitalizada, ese día yo agonizaba con ella. Cada vez que me iba de viaje así fuese un súper viaje, en el trayecto la extrañaba, imaginaba qué sería si ella estuviese con su paso apurado.

Así infinidad de historias, momentos en que entendí la frase “el mejor amigo del hombre”. Doy fe de ello y quienes compartieron con la perrita creo que también.

Pero la realidad es que aunque Wanda espiritualmente se convirtió en mía, no lo era; en la casa principal habían tres niños que empezaron a extrañarla, pero era así, ella jugaba un rato con ellos y luego me buscaba. Recuerdo que al principio cuando el carro de la familia llegaba, ella pedía que le abriese la puerta y subía a saludar. Un día subió corriendo y uno de los niños le grito, le dijo que se quitara, ella bajó se subió en el mueble y cruzó sus paticas suspirando; sentí su tristeza, la consecuencia fue que más nunca volvió a subir a saludar.

Esto nunca me hizo feliz, pero en el tiempo estuvo cada vez más conmigo, menos con ellos y de verdad no dudo que la quieran, pero tal vez Wanda halló en mí, lo que yo en ella: una gran amiga.

Cuando el año pasado regresé de viaje de Río de Janeiro y supe que estaba preñada me dio una emoción inmensa, esa barriga se la cuidamos mucho. el día que parió sentí un remolino en mi corazón, verla allí despelucada, con cara de loca y con un ternura en franco aprendizaje, la naturalezay sus momentos de vida.

Un suceso inesperado fue que los dueños de la casa se mudaran y… Wanda con ellos. La relación de cada día pasó a ser de fines de semana y de verdad me cuesta narrar lo que sentía cada domingo cuando la regresaba, lo puedo solo resumir en dolor; porque además de mi biblioteca emocional más antigua, surgió el recuerdo de cuando papá me regresaba a casa de mamá los domingos…

El año pasado la dejaron conmigo desde navidad hasta hace pocos días, la razón es que Wanda estaba terminando de criar a una de sus cachorritas – Ekaré-; la cachorra la  pedí como para quedarme con un pedacito de su mamá; es una cosa peluda, mal portada que brinca de alegría sin cesar. Cuando se llevaron a Wanda, me dieron la posibilidad de irla a buscar para pasear los fines de semana, pero hasta el día de hoy que me libero escribiendo este post, creo que no lo haré, al menos por un gran tiempo, es que creo que le hago daño y sobre todo me hago daño yo. La extraño muchisimo pero aprenderé a vivir con esa nostalgia; tengo a su cachorrita que tiene una personalidad increíble y ahora los niños tienen de regreso a su perrita, creo que es un punto de equilibrio de alguna manera; y también mi manera de ser agradecida por el tiempo que de una u otra forma me la cedieron.

“Cuando una amiga ya no está” el mundo sigue girando sí, pero el corazón late sin tanta emoción. Tengo una vida poblada de personas que ya no están, ojalá tuviesemos la manera de que todos los que nos amamos pudiésemos estar juntos; pero la realidad es distinta; la separación de lo amado es parte de este viaje de vida; y aunque me sienta muy triste creo que soy profundamente afortundada por saber en esta primavera que sé lo que es vivir un amor ingenuo…

—–

A Wanda con todo amor en nuestra primavera.

 

 

 

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4 comentarios en “Mi laberinto: Cuando una amiga ya no está

  1. Querida Claris ¡Son tan maravillosos los amores inconclusos! Wanda camino a nuestro lado “Por el medio de la Calle” en ese primer encuentro que se convirtió en el amor que ahora nos profesamos…
    Es maravilloso que te tomes unos momentos para agradecerle a la vida el haberla conocido y el amor que comparten, normalmente escuchamos a la gente hablar de lo infeliz que es hoy y pocas veces alguien nos quiere contar la historia de lo feliz que fue ayer… Gracias por compartirlo con nosotros!

  2. Que bella historia mi Claris, sé de primera mano lo que significa Wanda para ti, creo que más que una amiga la adoptaste y se convirtió en tu hija. Me da dolor saber por lo que estás pasando, pero piensa que al menos tienes a Ekaré para compartir, en alguna medida, lo que su mamá significa para ti.

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