Mi laberinto: un abril de milagros en la bitácora del desierto

Mi vida y sus grandes aciertos, pareciera que, es más así lo es,  había caminado mucho dentro de mi vida interna y de repente llegué a un oasis llamado “abril 2012”, contra cualquier vaticinio antiguo del calendario maya.

No tengo claro por qué tratamos con insistencia de encontrar el amor, cuando en realidad la fuente primaria está en nosotros. Creo que esto lo dicen los diez mil quinientos libros de auto ayuda y géneros parecidos, pero por más que se lea, incluso que yo lo escriba, para muchos, incluyéndome no es más que una linda frase de auto realización; hasta que de repente lo viví a plenitud.

 

Desierto al borde de la carretera de Iquique – Chile 2012

 

Reconocí mi voluntad, esfuerzo y coraje cuando decidí cruzar la cordillera latino americana rumbo a Chile al Desierto de Atacama, había una sóla razón, reconocer en un hombre, un poeta, mi lado más hermoso que corresponde a la escritura, un amor tejido en letras que desde septiembre del año pasado, reconquistó mis fuerzas y alineó mi vida interna.

Perderme en sus pupilas ha sido el ejercicio de amor más intenso que he realizado, sabía que poéticamente era posible, pero no que podía vivirse. Es así, hoy vivo en sus pupilas color miel, sin promesas, sin esfuerzo por conquistar nada, simplemente pernocto a su lado y abrazo sus dificultades. Mi poeta sucumbe ante el desierto de Tamarugal. Debo proteger su historia, ahora mía. Sólo puedo decir que a ambos la vida nos puso frente a frente justo cuando los dos nos necesitábamos para salvar nuestra fe en el amor y sus posibilidades.

No hay nada hacia el futuro que nos de certeza de compartir la vida. Sólo tuvimos un hermoso e intenso presente que nos corroboró que Dios escribe en letras torcidas. Ahora el tiempo es nuestro tránsito. Pero esa fue una de las enseñanzas del viaje, que cuando amas, el tiempo, los muros, las agonías se disipan, quedando la voluntad, el milagro. Nuestro encuentro fue eso, un gran milagro, como los que suceden en ese desierto donde ver florecer mangos, aguacates y limones, es una proeza de la natura. Justo donde crees que no hay vida, es donde Dios más se manifiesta en esplendor.

 

Atardecer del Pacífico en la carretera de Iquique – Chile 2012

 

A mi peregrinaje no fui sola, mis manos se sostuvieron por mi amiga Raomely. Jamás tendré como cancelar alguna deuda de alma con ella, sólo pido conseguirmela en todas las vidas posibles. Hoy la defino como uno de los rayos solares que espantan mis sombras. Ella fue testigo de mi coraje, de mi amor lleno de misericordia y aunque muchas veces las lágrimas estuvieron, ella sabe que en mí la paz era mi sustento.

Nos adentramos a los desiertos más áridos de Chile y considerados los más rudos del Planeta. Atacama y la pampa de Tamarugal, son zonas áridas pero con una hermosura ilusionista, son tierras que te hablan con la brisa seca, su sol anaranjado y las temperaturas oscilantes que enloquecen. Sobrevivir al desierto fue una realidad. Porque además todo lo que pensamos de esos predios, fue justamente lo que no era. Reconocimos entonces la necesidad de olvidar la expectativas y simplemente entregarnos a lo que ambos desiertos quisieron enseñarnos.

Así fue nuestra visita a la Laguna Cejar, queríamos ver el amanecer y la carretera nos llevaba con el sol en la espalda, yo me puse brava, no entendía cómo para ver amanecer ibamos en otra dirección; hasta que la planicie de la laguna nos dio la respuesta. Ante nosotros se iban despejando unos picos inmensos que poco a poco nos dimos cuenta  tenían nieve en su cúspide, descubrimos luego que uno de ellos era el volcán Licancabur. Además el querer contemplar, nos hizo pasar primero por la prueba de soportar los 8 grados en los que estábamos. Jamás me habían dolido tanto las manos, y aún así las forcé para poder hacer fotografía. Recordé aquello que dicen los lobatos scouts “vencerse así mismo”. El sol tuvo la delicadeza de subir con lentitud, cuando la luz nos abarcó, nos encontramos ante un paisaje bucólico, frío, pero de una serenidad que daba temor.

 

Raomely y yo en la Laguna Cejar – Desierto de atacama – Chile 2012

 

Yo le había prometido a San Miguel caminar descalza en el desierto, ya lo había hecho en Francia en el Mont Saint Michele, allá se me congelaron los pies, en Chile se me quemaron; en ambos momentos no quedaron daños, mi piel resistió las pruebas, hasta donde pude y repito sin daños. No caminé por mí, caminé por mi Poeta, y lo cuento no para adornarme de santidad, sino para pedirles que si aman a alguien hagan lo necesario para su sanación, sea cual sea la circunstancia, la fe  en verdad mueve montañas, en mi caso cordilleras nevadas.

Raomely no estaba muy convencida de que hiciera algo así, de hecho me pidió ponerme los zapatos una y otra vez; de repente me dijo “yo también caminaré descalza un rato” , la vi llena de amor y entendiendo por qué lo hacía y me acompañó un rato. Yo no pude decir nada, sólo veía sus pies descalzos a mi par y sé que su oración iba en el mismo sentido. En realidad no tenía que hacerlo, pero esto consagró nuestra amistad. Nuestra salida del desierto paró en el “valle de la paciencia” una inmesidad de arena y piedras al oeste de San Pedro de Atacama, extrañamente alli fue donde nos paramos a recoger arena para traer a Venezuela y regalar a quien la necesite. La paciencia en ambas no es precisamente el mayor don que ejercemos, y es justamente el que nos entregaron.

Fue poco tiempo, pero fue el tiempo que Dios dispuso y en enseñanzas concentradas. Al final no éramos más que dos mujeres muy, muy distintas, que creíamos ser amigas, hasta que torcimos hasta la nubes comprobando que sí lo somos. Entonces acoplarnos, decidir por consenso, ser malcriadas ante el cansancio y luego olvidarlo; mantenernos en silencio cuando la contemplación era el lenguaje, saber que era nuestro tiempo juntas y también distantes; porque cada quien iba al desiserto por motivos distintos, aunque ambos sanadores; todo se resumía en acompañarnos y además sin juicio alguno de pasado, presente o futuro.

 

Pica – valle de los dinosaurios – Chile 2012

 

Como lectoras incansables y llevando a Neruda en nuestra alma, fuimos a todas sus casas, pero la que importaba era Isla Negra. Recorrimos los predios del insigne poeta, entendimos cómo su pulso dejó la obra escrita para la humanidad, un sitio realmente mágico, que fue construyendo poco a poco y sustentado por infinidad de amigos. Descubrí que Neruda dormía con una oveja de peluche, lo que terminó de darle sentido a las ovejitas con las que me despido en twitter cada noche. Metimos nuestros pies en esas aguas gélidas del Pacífico, no nos dio chance de nada, sólo de huir del agua. Pero  plácidas nos sentamos en una roca a descansar nuestra travesía. Luego corrimos  desesperadas detrás de un autobús que no iba a Santiago de Chile, cuando en la parada había estacionado cuatro que si nos podían llevar. Isla Negra nos dejó con el influjo de toda la poesía del mundo concentrada en sus paredes, respirada por nosotras a todo pulmón.

 

Con el pez de Neruda en Isla Negra – Chile 2012

 

 

El rugido del Pacífico y la voz sorda del desierto, son los sonidos más particulares que me traje. Pero el sonido que se quedó en mí y me da las buenas noches, es el acento chileno de mi poeta; aunque él diga que la que tiene acento cantadito soy yo. Su voz es la melodía que desplazó a mis latidos. Su pecho dispuesto a mi ternura, es ahora una vocación de vida. Que no se me olvide jamás que hay hombres que te rescatan sólo con tomarte de las manos. Esa fue mi otra lección del desierto, que para amar no hace falta ni siquiera nuestra sexualidad, para amar sólo hace falta estar presente en la vida de otro, aceptando no cargas, sino batallando juntos. Hoy sé que es posible. Saber estar juntos en cualquier circunstancia.

Mi abril milagroso me deja serena, con lecciones talladas al alma. Con mi vida interna regenerada de tanto caos diario y proyectos vencidos. Quedé desnuda ante la vida,  expuse lo que soy sin temor y a cielo abierto, pero abrigada totalmente por Dios.

 

Cerro el Dragón, una duna gigante que custodia la ciudad de Iquique – Chile 2012

No crean que sólo nos dedicamos a vencer nuestra humanidad. Comimos todos los mariscos del Pacífico conocidos y desconocidos. Conocimos un dragón gigante que por un embrujo se volvió una duna y ahora custodia la ciudad de Iquique, que tal vez es mi Avalon. Nos gastamos todo el cupo de dólares de la tarjeta de crédito en vestidos, medias y libros. Nos dejamos conquistar por una ciudad que es un Don Santiago de Chile. Desayunamos como unas cerdas cada día, tras día, todos los días. Fuimos a faramallar a Viña del mar y Raomely dijo que el anfiteatro era como el de la concha acústica de Bello Monte (Caracas), creo que fue exceso de yodo en su cerebro.

 

raomely y yo en Veramonte, viña a las afueras de Santiago de Chile – 2012

 

Tomé fotos justo donde me dijeron que no podía hacerlo. Me excedi la velocidad permitida en las carreteras del desierto. Manejé sin licencia. Me robé un gajo de uvas de Veramonte uno de los viñedos a las afueras de Santiago. Raomely me hizo (sí fue ella) pedir cola en el desierto. Descubrí un pueblo llamado Algarrobo donde está mi casa tipo canadiense, allí puedo ir a vivir y sembrar mandarinas con semillas venezolanas, que por supuesto debo pasar de contrabando. Fuimos a misa en la iglesia de San Miguel para agradecer absolutamente todo.

Como siempre en la iglesia que pude me robé algo, es mi cuota de pecado y retaliación contra la Edad Media. Fuimos al zoológico y quise traerme un zuricato, recordando a mi gran amigo Daniel Palacios, pero creo que la aduana me iba a pedir muchas explicaciones, por cierto sé que cuando lea esta crónica la próxima vez que me vaya de viaje, me va a querer amarrar a una silla, pero él sabe que es el Brad Pitt de mi corazón. Salté como niña de 5 años viendo los pinguinos y un oso polar, que sólo habían estado a mi alcance en NATgeo. Nunca aprendí a hacer conversión de moneda por más que Rao me explicaba. Escuché entre mis propios ronquidos las carreras de fórmula 1 que ella veía a las tres de la mañana. Supe que mi ropa arrugada no le importaba a nadie en Chile.

 

Zuricato – zoológico de Santiago de Chile 2012 – en realidad es mi amigo Daniel Palacios =)

 

Fuimos a la tumba de Andrés Bello y lloré conmovida, ojalá mis letras sean pulcras como él lo pedía. Entendí claramente por qué decidió quedarse en suelo chileno y dejé de sentir pesar por eso, no había mejor país en el continente americano que le dejara ser quien fue.  Nos acompañó hasta el metro una perrita en celo y todos sus machos. Nos perdimos buscando un parque estaba justo saliendo del hotel. Quisimos cometer delito al ver el guapo gendarme de la Corte Suprema de Justicia. Hicimos tanto en tan poco, pero repito, en el tiempo que Dios dispuso. Sé que la crónica de Raomely completará lo que aqui digo. Nuestros recuerdos del viaje quedan enlazados.

En mi travesía nos cruzamos con personas que entendieron mi proeza y mis razones obvias de ir hasta allá. A ellas no las nombro aqui porque dejar sus nombre en silencio es parte del tesoro que deb0 resguardar de esta historia. Mil gracias por haberme permitido entregarle a mi poeta una dosis de esperanza. La kabbalah dice “proteje a otros, incluso a los desconocidos, para que alguien en algún instante te proteja a ti”. Gracias por hacerlo.

Escribo esto para dejarlo de testigo. Para que cuando dude de las cosas que son importantes venga de nuevo a mi laberinto y las encuentre. Porque si algo es cierto es que al cerrar este escrito, de mí al futuro no quedará más que mi polvo esparcido por los campos de Marte en París; pero mientras llega ese día, hoy puedo decir que soy la mujer que decidí ser y  al fin sé lo que es el amor .

 —–

Una vez mi poeta me dijo: “Escribes lo que sueñas, sueñas lo que escribes y para mí eso eres, eso representas: el almíbar de un sueño, la sangre de mis palabras más queridas” Hoy yo le digo: “Soy un sueño realizado en ti, eres para mí el pergamino más antiguo donde por primera vez se escribió un te amo”.

Bitácora del desierto 2012

 

 

 

 

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