Mi Laberinto: Brevario de una hoguera

El tiempo se detuvo por un soplido mortal. Las piedras calcinadas y las osamentas ahora son fantasmas. Yacen tras el muro los tormentos y las fechorías; ahora el cielo es el techo de las casas y sus paredes no son más que lamentos.  En Amuay un manto cenizo susurra temor, censura y venganza. Su gente ahora sabe que el poder del coloso puede fulminar lo cotidiano.

Foto cortesía de Gil Motaño @Gilmfoto

“¿Mami cuando el cielo se pone de colores debo tener miedo?” Lucía 3 años

“El dibujo de mi casa es sin colores, así quedó después de la explosión” Juan 9 años

“El cielo hizo boom y se llevó el techo de mi casa” Beatriz 6 años

La miseria no tiene piedad entre los muros que quedan de Amuay, se filtra de piedra en piedra, de rostro en rostro. Aquellas fotografías felices, ahora son portaretratos vacíos. Nadie cuenta a los ausentes, es mejor callar, pero todos saben, lo dicen sin muchos testigos, tal vez quieren que se vuelva mito, así dolerá menos. Los techos son pedazos del camino, las ventanas sólo miran desesperanza.

Este es el tanque que se quemó (mostrando dibujo) ¿Estaba bravo?” Juan de Dios 6 años

“No me siento bien, es algo aqui (señalando el corazón)” Yendri 8 años

“Sonó durísimo, después hacía mucho calor” Miguel 6 años

“¿Dios sabe que pasó esto? Mili 9 años

 

 El miedo transita libre, se viste de gala. Anda ligero en el barrio, dueño de todo. En las noches arropa a los niños, en la mañana maquilla a las madres. El miedo se unta en el pan seco, se atraganta en la garganta de los hombres que entendieron no son tan fuertes. Es el agua del café negro mañanero. Amuay es una sombra densa que arranca los sueños.

“¿Maestra usted vio?, era rojo todo, pero ahora está clarito”

“Adentro de mí hay felicidad, ya pasó” Mildred 12 años

“Mi mamá me apretó durísimo” Jairo 5 años

“¿No va a pasar de nuevo, verdad? Rolando 8 años

 

Hay una fuerza humana que no corresponde al cuerpo, es un nido en el corazón que se agranda cuando debemos proteger a lo amado, algunos lo llaman esperanza, otros sacrificio, en Amuay se llaman: madres. Mujeres que saben que su pecho ahora seco, debe llenarse de oración y sonrisas para poder enseñar a los más pequeños que la vida continua, aunque lo que esté alrededor diga lo contrario. Mujeres que se han unido bajo un cují a sentir la sombra después del ardor. Mujeres que me enseñaron que son más fuertes que yo.

“Ella lo es todo para mí, siento que no puedo, pero aqui estoy” Carmen 42 años

“Cada noche lo aprieto contra mi pecho, es la casa que él tiene” Susana 37 años

“No hemos comido hoy, pero esta sopa va a rendir para todos mientra llega ayuda” María 32 años

“Tengo mucho miedo, pero míralo allí está pintando como si nada” Nelly 27 años

“¿Qué más puedo hacer, estoy viva? Mildred 60 años

“Tengo ocho meses de embarazo, me agarre la barriga y le decía, calma bebé, pero ni yo me lo creia” Jenny 35 años

 

De repente las voces retomaron su palabras habituales. La tragedia dejó de ser una novedad para convertirse en una promesa de nueva vida. La gente sigue rezando pero también  con sus propias manos e ingenio rescatan de los escombros lo útil. El ritmo del día ahoga la pena, emite un alarido nuevo al despertar. Una música lejana se acompasa al polvo y al miedo, sustituye el bramido ensordecedor de la explosión. En algunos lugares de Amuay no hay agua, pero han brotado tantas lágrimas que sin duda alguna rosa retoñará.

“No queda de otra, hay que echar pa´lante, estos muchachos hay que darles de comer, ya se compondrá la cosa” Ana 28 años

“Gracias por venir, creí que sólo nos dolía a nosotros” Fernanda 32 años

“Jesús todo lo puede, ahora más que nunca confío” Carmen 42 años

 

——

A las mujeres y niños de Amuay que no nos esperaban y nos abrazaron sin preguntar nada. Dios que da aliento cada día con el revuelo infinito de las aves que indican un aire renovado.

A Cristal Palacios por ser en mi vida una oportunidad de sanación y Nayareth por demostrarme que a veces el desconocido es el que más ayuda y ama.

A cada uno de los que donó algo para el viaje Amuay, ustedes son la prueba que hay ángeles en la Tierra.

——

 

Amuay, muchacha, esto también va a pasar.

 

 

 

 

 

Anuncios

2 comentarios en “Mi Laberinto: Brevario de una hoguera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s