Mi laberinto: Al final hay amor

Hace dos domingos fui a caminar con mi cachorra Ekaré en la avenidad Río de Janeiro (Caracas); aproveché para soltarla y que corriera tranquila entre niños y otros perros. Al rato me di cuenta que estaba parada quieta pero curiosa en un matorral, cuando me asomé había una gatita chiquita encrispada de miedo viendo a la perrita olfatearla, se veía algo maltratada.

Yo le pedí a Ekaré que siguiera caminando y dejara a la gatita tranquila, ella sin mayor cosa regreso a correr, pero a media cuadra me sentí mal pensando que no había revisado que tenía la gata, así que me regresé; me asóme con cuidado y extendí mi mano con precausión, en ese momento pensaba que si me intentaba morder o aruñar pues no podía hacer mayor cosa. No fue así. Ella totalmente sumisa puso su hocico en mi mano. Cuando la tomé por las patas delanteras me di cuenta que toda la cola y una de las patas traseras estaba en carne viva, así que me dispuse a llevarla al veterinario.

Como estaba en Las Mercedes tenía muy cerca al grupo veterinario Egoavil Sardiñas pero la secretaria me vio con tanto asco, que decidí llevarla a la casa para buscar por twitter un veterinario que supiese atender animalitos rescatados. La bañé con el shampoo medicado de Ekaré, eso no le gustó para nada, pero como fue con agua tibia aguantó un poco el remojón. Cuando le volvi a revisar la cola, efectivamente estaba muy lastimada y con evidencias de infección.

Los amigos de Mascotas de la Calle (@mascotasDeCalle)  me recomendaron a un veterinario en El Hatillo que se llama -Manchas- (@manchas5) allí fue donde la llevé. Fue atendida con amor y paciencia por el dr. Jorge. La gatita estaba más grave de lo que se veía; se le tuvo que levantar toda la piel de la cola para curarla, pero ella se dejó. Desde ese momento requería cuidados especiales, yo estuve dispuesta a dárselos.

Ekaré en la casa nunca la agredió, cuando la sacaba del kennel a caminar, la perrita la olfateaba y le daba suave con la patica, la gata caminaba un rato, se turnaba la comida a veces comía perrarina, otras veces gatarina (Ekaré hacía lo mismo), tomó agua como si fuese la primera vez, y siempre buscaba subirse a mis piernas y acurrucarse. Así fue cada noche, ella me maullaba bajito, yo la acurrucaba un rato en mi pecho.

No la podía dejar suelta, no por Ekaré, sino porque la pobre no controlaba efínteres, seguro estaba lastimada por dentro y “se hacía” a cada rato. Le compre su collar, la nombre “Carioca” por haberla encontrado en la av. Río de Janeiro. La curé mañana y noche. Ekaré la lamía de vez en cuando.

El sábado me fui para La Victoria, nos fuimos todas. El viernes y el sábado en la mañana no había querido comer; eso me extrañó mucho. Cuando iba en la carretera empezó a maullar sin parar, así que me estacióné, la saqué del kennel y la puse en el puesto del copiloto con una toallita, extrañamente Ekaré se le acostó al lado y allí se durmieron las dos; yo las iba a cariciando de vez en cuando, Me di cuenta que estaba como débil,  porque no quería estar de pie.

En el cumpleaños de mi sobrina, igual la curé. Al rato me maullaba, la saqué y me acosté un rato con ella, se quedó dormida; pero de repente se paró y vomitó muchísimo. La limpié y la puse con cuidado en su jaulita de nuevo, me asomaba a cada rato y vi que respiraba agitada. Me volví asomar y la llamé, cuando le decía Carioca, es increíble, pero levantaba sus orejitas. Está vez no sucedió.

La tomé con delicadeza. La cubrí con la matita y lloré. A Ekaré la tuve que sacar del cuarto porque se  puso muy nerviosa. Llamé a mi hermana, se sentó al lado mío, entró mi sobrina y su mejor amiga. Todas nos despedimos de la gatica. Yo sólo dije “hice todo lo que pude”.

Así fue, intenté curarla, no me importó gastar en ello, así me quedara apretada esa quincena, enseñé a la perrita que la gatica no era su enemiga, pero encima de todo no le negué amor.

En algunos momentos me sentí preocupada qué pasaría con ella al curarse, yo sé que no me la podía quedar, habría que buscarle hogar de adopción y todo lo que implicaría entregarla. Pero la lección de Carioca fue clara y contundente, no debía estar preocupada por el futuro, sino concentrada en el presente y lo que ella estaba produciendo en mí y en mi perrita que doblegó su instinto. Debía sólo estar concentrada en amarla, lo demás se resolvería sin mayores problemas. 

Carioca murió como merecemos morir todos, cuidada y amada. Dios dispone para sus criaturas que al final hay amor.

Anuncios

5 comentarios en “Mi laberinto: Al final hay amor

  1. Ayy esta historia me dejo el corazón arrugadito. Esto convencida que Carioca está en el cielo agradeciendo los pocos días de amor q logró estar a tu lado y de Ekaré y valió la pena cada minuto a su lado. En definitiva lo importante es el presente y lo q se vive cada segundo el futuro será resultado de dicho presente. Pero tranquila que lo importante es q ella se fue rodeada de amor sincero. ❤

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s