Mi laberinto: Atada a mi luto

Atada a mi luto - Autoretrato

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Ayer murió. La tarde cayó con la prisa de pasos agolpándose al borde de aquella tumba, rozando sin pudor los restos de la osamenta. Un fango sulfuroso se colaba entre las piernas, salpicado de lágrimas casi sanguinolentas. Una ventisca helada, nocturna y callada quemaba la mirada de todos, de algunos, en realidad de pocos, no muchos se atrevieron a mirar.

Ante nosotros los lamentos del pasado, las luchas libertarias se conviertieron poco a poco en letra muerta, desvanecida, inerte. Miré mis manos que envejecieron de repente, parecían huesos descarnados que no tenían más fuerza que para sostener el luto. Pobre de aquellos como yo que de repente se ataron a la verdad, pero sin saber cómo defenderla.

Bajé la mirada volví a ver el cadáver, ella la más hermosa, la perfecta, yacía sin gracia ni decencia, su último hálito agridulce, ese que fue silenciado por el poder, nos dejó en medio de una neblina nausebunda, mortecina. Las ancianas acostumbradas a los velorios dijeron que era el aliento de la guerra, de los caídos.

Un golpe mortal desmembró a nuestra dama, aquella que mentaban Constitución. Hoy empieza el novenario más largo de nuestra democracia.

 

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