Mi cabello lo entregué con la brisa de África – Bitácora Cebra

Para A. con todo amor y respeto, por cada oración para ti, por el secreto que tenemos con Juan Pablo II, por haberte descubierto hermosa en medio de la tragedia. Te admiro y amo. 

Que la Virgen Chinita hoy en su día acobije con su manto a todos los que luchan contra el cáncer. Amén

162_16452090351_5573_n Adoro mi cabello largo sin duda alguna, es una sensación muy placentera sentir mis rizos cayendo en mi espalda; el roce sinuoso en mi piel, o en la piel de otro. Sí, creo que una melena larga es sexy y si está bien cuidada es un arma de seducción. Precisamente por esto me lo corté.

Hasta donde sé y siento soy una mujer sana; así que mi cabello crecerá sin obstáculo alguno. Que te crezca el cabello no es un privilegio, ni algo natural, es lo que yo llamo un milagro.

Mientras miles de mujeres y niños pierden su cabello por el tratamiento contra el cáncer, muchas de nosotras ondeamos nuestro cabello al viento sin darle su justo valor, y además creyendo que es lo que nos hace femeninas, mujeres; cuando en realidad desde mi punto de vista, lo femenino está en la creación, la paz y la capacidad absoluta de luchar contra cualquier dolor y salir victoriosas. No es que el hombre no pueda hacerlo, es que a nosotros nos dieron otras vías para expresar amor y allí radica lo fecundo de lo femenino; ni siquiera es el lograr ser madres, es lograr mantener el equilibrio; cosa que en estos tiempos cuesta y mucho.

Hace como tres años y pico me lo corté por otras razones, había abusado de la resistencia de mi cabello con tinte  y decoloración. Me lo corté porque era la única manera de recuperar mi cabello sano y llegó más abajo de los hombros, dejé que creciera y creciera; para lograr volverlo a cortar. Esta vez para sanar de otra manera, esta vez para hacer un ejercicio de desapego con el cabello que me importa tanto ¿O me importaba? Sí si me importa, lo adoro largo.

Jardín botánico de Ciudad del Cabo. Sudáfrica

Jardín botánico de Ciudad del Cabo. Sudáfrica

Ir a África como lo he venido comentando fue y sigue siendo un ejercicio de dejar cosas, incluso las que más me importan, léase cosas materiales y afectos; no por aburrirme de ellos, para nada, sino porque debo aprender a amar sin nostalgia, sin necesidad; y este ha sido un año para eso, sólo amar aunque los demás no entiendan nada de lo que hago, con que lo sepa mi espíritu me basta. 

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Mientras yo logro descifrar todo esto en mis jardines solitarios, mi cabello quedó hecho una trenza para ser usado en la Fundación Amigos del Niño con Cáncer. No lo hago para ser buena gente, es que no tengo ni un ápice de ganas de serlo, hace rato que lo que decidí fue tratar de ser correcta, humana, sin santidad ni golpes de pecho; sólo trato de hacer lo correcto, y tal vez si eres muy cercano a mí debes estar diciendo que más bien he venido metiendo la pata; no te aflijas, yo no lo hago.

Sólo estoy viviendo con la mente llena de infinidad de cosas por hacer, en esta nueva etapa no sé por dónde empezar, es difícil soñar en medio de una pesadilla de país y aún así, aunque me ofusque y llore; sigo diciendo “buenos días” y sonrío; ahora con el pelo corto. Ya crecerá.

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Además sé que cuando vuelva a estar largo, habrán sucedido cosas para las cuales hoy estoy trabajando, entonces me siento como un rosal, ya volveré a retoñar. Tengo apuro sí, pero estoy obligada a ir paso a paso. Ahora ando en la calle en el trabajo viendo cabellos largos y yo con el deseo de volverme piraña (personas que roban cabello) pero para llevarlo a la Fundación. Vainas que uno imagina en soledad.

Al final es una decisión muy personal y sé que cuesta, sólo les pido a las mujeres que están leyendo esto, qué se pregunten cómo será la felicidad de una niña o mujer con cáncer que de repente le llegue su peluca nueva y no se vea más desnuda; ytal vez le estamos dando el impulso anímico para luchar contra el cáncer, o tal vez es uno se sus últimos regalos antes de partir. No importa cuál es el desenlace, con dar esta alegría me basta. Medítalo, hazlo.

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Mi cabello fue protegido muchas veces por un  velo musulmán y eso me hizo pensar muchas veces sí valía la pena tenerlo tan largo y para qué.  Lo entrego con la brisa de África, con la risas de mis amigos alrededor, la lluvia de Ciudad del Cabo sobre mí, el viento atormentante de Cape Point, el aroma de los viñedos. Sí, en mi cabello va el aliento fresco del océano Atlántico y Pacífico; lo que amé que me tatuó la piel; las caricias públicas y privadas; lo que nunca diré y reservo en mi jardín secreto.  Cortarme el pelo es parte de las consecuencias de haber vivido mi Bitácora Cebra, de esas cosas que se pueden ver a simple vista, pero que la raíz está en el alma. Cada hebra se va con mi luz renovada y la simpleza de hacer lo correcto mientras pueda y quiera.

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Ser mujer es lo que está en mi corazón, lo que brilla en mis ojos, lo que dicen mis manos y mi pecho cuando entrego amor.

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Un comentario en “Mi cabello lo entregué con la brisa de África – Bitácora Cebra

  1. Lo que hicistes es un acto de amor a tu projimo porque entendistes que todos somos uno, te felicito hermanita porque en tu camino has sanado muchas cosas y al hacelo me has sanado a mi y todos en la tierra porque somos unicidad, te amo tu hermana de luz

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