El réquiem de San Valentin #SOSVenezuela

Las mujeres tenemos una relación particular con la sangre, vivimos muchos años con y sin ella, traemos la vida enrojeciendo y saturando nuestro útero; somos criaturas que vivimos danzando a la luna roja para finalizar un ciclo o por honrar la existencia; pero jamás para la muerte o el exterminio.

Cada mujer venezolana, incluso las que les indiferente los sucesos de esta semana (las hay), sangramos a tres muchachos esta semana; los abortamos, los perdimos. Cierro mi ojos y veo el goteo desbordado sobre el asfalto, la falta de tierra incapaz de absorber la sangre, dejándola allí coagularse al viento, desparramada como nuestra ira y dolor. Huele a óxido mortecino, no hay revoloteo de zamuros, ellos no comen carne inocente, existe un luto tejido al alma, una quemadura profunda que no cesa, que no nos abandona. 

Somos ejecutados a sangre fría por no ser venezolanos de ideal revolucionario, por no portar más armas que nuestras letras y deseo de bienestar. Quieren volvernos fantasmas atrapados en una cola por una harina de maíz o puestos de rodillas como perros lambucios ante un cupo de dólares; tenemos una bota militar pateando lo que nos dejó Bolívar y Miranda; lo que nos dejaron nuestros familiares que lucharon contra Gómez y Pérez Jiménez, apuñalan nuestra libertad; se burlan y nos escupen como hicieron con todos los apresados del 12 de febrero, sin derecho a la justa defensa.

Estoy despellejada, herida, quebrantada, pero aunque esta semana me echaron encima la sangre de nuestros muchachos muertos y sienta la salpicadura roja en mis pupilas, no dejo de creer. NO. Los venezolanos hemos sido y seremos más que esta semana, más que el paro del 2002 o la caída de la Primera República.

Lo siento mucho Nicolás, llena de dolor sigo siendo lo que soy: Mujer venezolana y con pruebas legales, genéticas que me sustentan. Los que estamos en lucha somos lo que tú y tu gente nunca serán, no entienden, no sienten. Tu venezolanismo barato atado a Castro, tu sombra convertida en estiércol del pájaro que te habla, te reduce y aleja  de lo limpio de nuestros llanos, nuestras calles, playas y montañas, las cuales una y otra vez se levantarán aunque nuestras lanzas se vuelvan  coloradas. Esa es tu rabia, reconcomio. Te faltaron abrazos de buenos amigos, el acurruco de una abuela sabia, te faltó amor Nicolás, a ti, a los de tu débil estirpe, por eso recibes órdenes, te arrastras sin rumbo. No tuviste amor Nicolás y  das lástima, es tu fosa, destierro. 

Nicolás… le pusiste música de entierro al Día de la Juventud, Dudamel con su alma vendida al demonio, dirigió cada nota a la perfección como sólo él lo sabe hacer, mientras otros ejecutaban con balas a nuestros muchachos, herían a decenas; abofeteaban nuestro derecho a la protesta. Le pusiste música a tus palabras turbias, sin sentido, ignorantes y malévolas. Ese ritmo macabro lo llevarás tú y los tuyos como un susurro inagotable, seco, interminable, latidos de la revolución sangrienta, golpista, infame. Es el sonido de las balas de cada día, la parranda de los colectivos armados que toman pueblos enteros y gritan ¡Patria!, música roja, réquiem sangriento.

Feliz San Valentin Nicolás.

BgT60LSCUAAaDxH

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