Te perdono, catalejo, porque hay amores que son inciertos

Hoy deberíamos estar abrazados cumpliendo sueños que se evaporaron en la mitad del Atacama. Yo a pesar de mis pies quemados de tanto danzar en el desierto invocando tu libertad, soy hoy, capaz de celebrar tu vida. Lo seré siempre.

Vengo a decirte así, a pulmón lleno que te perdono, como lo hace el sol cada vez que vuelve amanecer, aunque la noche nos arrancara el último miedo.

Cruzar la cordillera fue un acto insensato, el mejor de mi vida, inédito, extraordinario. Un beso a destiempo, un llanto disfrazado, tus manos extendidas hacia las mías cuando nos arrebataron el tiempo.

Vengo a decirte que te extraño, que es cierto como que todavía puedo pensarte; pero esta esta vez mi catalejo me estoy quedando lejana, ausente, sin mareas ni vientos.

Vengo a decirte que el amor está intacto, pero que  migró de mis pupilas, porque corría el riesgo de quedarme ciega, sin barca, sin consuelo.

Eso, eso, vengo a decirte que alzo vuelo y con el corazón hinchado de paz, vengo con mi perdón a cielo abierto.

Catalejo mío. Corazón inquieto. Feliz cumpleaños, te dejo mi perfume de rosas en el mismo punto en  que el desierto nos miró con inocencia y desvelo.

Neruda tenía razón, soy la última de tus rosas. Un beso completo.

Imagen

Desierto de Atacama  – Chile 2012

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