Yo danzo. El autorretrato como alimento para el alma

Con respeto y admiración a la Escuela Foto Arte, que transforman miradas.

Siempre quise que la fotógrafa Aglaia Berlutti me diera clase, creo que es una de las mujeres más talentosas de la fotografía venezolana y hoy con el corazón erguido puedo decir que he sido su alumna, no la mejor, no la más disciplinada; pero su alumna.

En los espacios mágicos de la Escuela Foto Arte http://www.laescuelafotoarte.com/ en Altamira, tuve la dicha y el vaporón, de participar en el taller de autorretratos que finalizó el sábado pasado.

Yo había hecho uno que otro intento de hacer autorretratos, nada concreto, sin plantearme boceto, historia, y además manteniendo distancia absoluta del lente, real paradoja porque además en Flickr el albúm se titural “Yo me encuentro” https://flic.kr/s/aHsjuRBzWk ; pero por algún lado había que empezar. 

Creo en realidad que para aquellos que nos hemos acostumbrado solamente a documentar, virar el lente hacia nosotros mismos lo consideramos una osadía, ahora puedo decir que fue en mi caso particular una hazaña; lo digo así de rimbombate porque en la primera clase, Aglaia, se dedicó a describir nuestro trabajo fotográfico y además a darnos referentes de autorretratistas en el mundo que pudiesen acercarse a la personalidad de cada uno de los presentes; entonces me dije, esto va muy en serio.

Entre varias opciones que ella me dio, me quedé paseando mis ojos en la obra de Francesca Woodman http://www.artnet.com/artists/francesca-woodman/2 algo de ella me capturó, su fragilidad y al mismo tiempo absoluta simbología femenina, lo elaborado de la construcción de sus fotos que cada una es un mundo particular. Por supuesto lo que yo hice ni siquiera se acerca a su obra, sería una barbaridad decir eso; pero sí me guió a crear mi escenario.

Swan Song, 1978,  Francesca Woodman

Swan Song, 1978,
Francesca Woodman

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Luego de hacerme la loca, no hacer algunas tareas, ver la mirada punzante de Aglaia y su voz dulce que no combinaba con la amenaza de sus pupilas, diciéndome que esperaba que hiciera mi trabajo final; suspiré profundo y entonces imaginé lo que quería hacer. Lo hice. No hay maquillaje, ni siquiera sonrisa, sólo mi danza y más piezas de mí reconstruidas, nuevos paisajes en mi alma.

Encontrarme a través del lente ha sido mágico, sanador, escalofriante. Puedo afirmar que desde el año 2012, donde decidí dejar un hermoso trabajo en cual ya cumpliría cerca de 8 años por un viaje al continente africano, con la excusa de estudiar inglés en Sudáfrica; fue el principio de encarar mi vida con otra mirada; para ese viaje lo entregué todo, mis cosas materiales, una vida construida con excesivos espacios de confort, mi carrera profesional, todo. 

Este año ha sido muy rudo,  empezó con una operación de riesgo que es el paso adelante para que el cáncer no tenga terreno, al menos es mi lucha y fe. Estar en un trabajo hostil, donde hacer el bien está fuera del paisaje. Ver mis libros confinados en 34 cajas, y saber que tardará un poco en que vuelvan a respirar. Estar separada de Ekaré y no poderle ofrecer un hogar a mi lado. Extrañar a Sudáfrica cada día. Estoy en un viaje de aguas muy turbulentas, aún así creo que ha sido necesario y en él está presente la mujer que he decido ser, no la que quieren los demás, sino la que se siente libre y plena consigo misma; la que ha resistido con fe, sin perder la dulzura aunque el llanto llegue muchas veces;  sigo tomando decisiones, no deseo detenerme. No lo he hecho, no lo haré.

Acompañado al proceso fotográfico, ha estado la presencia generosa de mis profesores de Psicología Positiva, dos de ellos, Pura Zavarce y César Yacsirk, que con sus experiencias de vida, sus conocimientos y además dulzura me han entregado una lamparita para que en muchos espacios de mi alma  donde no estaba prendiendo la luz,  vea mis nuevos destellos;  sumado al apoyo solidario mi comadre y hermana amada, Rosybel Mejía quien me recuerda siempre que soy parte de su hogar; la alegría plena de Luna Arroyo y su generosidad permanente, esa telaraña luminosa donde Dios nos hace tejer acciones solidarias por los demás; Dahilis Vanegas que me ha permitido compartir su vida religiosa, la cual ha sido mi protección en el desierto; Carolina Santander que es mi respaldo espiritual, mi maestra; Rómulo Avendaño que fue quien me puso de nuevo la cámara en mis manos y sin duda Aglaia Berlutti y su capacidad de deshojarme.

Ustedes han sido las personas que en distintos planos de mi vida, han sujetado mis manos, pensamiento, movido mis emociones hacia el amor fluido, como fuente de chocolate dulce, y limpiado mis lágrimas para que yo no deje de danzar este año; además creo se están enterando de  lo que han hecho; mi convivencia con ustedes ha logrado en mí esfuerzos sinceros para renovarme. Algo de ustedes están en estas fotos. Gracias.

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La danza de mi autorretrato es para ustedes, para mí que no debo olvidar todo lo que he avanzado desde mis propias sombras; porque además Dios ni mis protectores  han dejado de estar aqui. Los amor con plenitud.

Yo danzo, autorretrato, Junio 2014

Yo danzo, autorretrato, Junio 2014

Yo acepto, autorretrato, Junio 2014

Yo acepto, autorretrato, Junio 2014

Yo invoco, autorretrato, Junio 2014

Yo invoco, autorretrato, Junio 2014

Yo soy, autorretrato, Junio 2014

Yo soy, autorretrato, Junio 2014

 

Yo decido, autorretrato, Junio 2014

Yo decido, autorretrato, Junio 2014

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