La sabiduría en Maniapure, un canto inocente

Hace rato que no pido explicaciones sobre las vueltas que da la vida, ni a donde me lleva.

 
Hace rato que no pongo resistencia a ningún camino donde me invitan, cuando el llamado es para “servir”; voy sin muchas preguntas, voy y dejo que la vida me muestre nuevas huellas de mí misma, de otros tiempos, otros olvidos, otras miradas.
Comunidad Corozal, región del Río Maniapure, Edo. Bolívar

Comunidad Corozal, región del Río Maniapure, Edo. Bolívar

Así me sucedió con la llamada de mi amigo Jacobo, quien me pidió lo acompañara con el equipo de voluntarios del grupo scout Cayaurima, quienes viajarían hasta Maniapure, en el Estado Bolívar (Venezuela), donde vive la etnia indígena Panare, para participar del proyecto Fundación Maniapure http://www.maniapure.org/index.html.  Simplemente fui, sin preguntar mayores cosas y hacer lo que he decidido hacer desde mucho como decía San Ignacio: servir y amar.
Río Orinoco  visto llegando a Puerto Ayacucho, Edo. Amazonas

Río Orinoco visto llegando a Puerto Ayacucho, Edo. Amazonas

 
Mucha gente ha escrito sobre la magia de la selva venezolana, lo qué nos sucede a los citadinos al entrar en contacto con los indígenas; tuve el privilegio de haber estado en el 2011 con los Pemones en Canaima https://flic.kr/s/aHsjxcEFUT, zona que además posee una difusión importante en los medios de comunicación; sin embargo en Maniapure encontré algo extraordinario que estaba añorando y retornó a mí como una brisa húmeda, sofocante, pero esponjosa que me abrazó cada día: La inocencia.
 
Sí, inocencia tanto de criollos como de indígenas, personas que se sorprendían con poco que es mucho, como abrazos mañaneros, canciones desafinadas, chapoteo en el río y un mango recién caído de la mata, que me mostró su dulce utilidad así no me lo  comiera yo, por aquello que la naturaleza es generosa con todos.
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El color rojo recobró su inocencia en los caminos colorados que nos llevaron al Maniapure lejano en la profundidad de nuestro magno territorio; disfruté de lo polvoriento, solitario y extenso; cuidé de las casas de los bachacos (hormigas) que el primer día pisé sin querer; me maravillé del mullido barro que nos ahogaba después de torrenciales aguaceros a pleno sol; murmuré tonadas del Tío Simón cuando vi el ganado acurrucado; admiré el arte enrojecido en forma de corazón; me reencontré con el barro hecho piel  en quienes son parte mis ancestros. 
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Me bañé con la inocencia del río Maniapure, que no sabe que es feroz y sin querer puede llevarse la vida de alguien, como casi le pasa a uno de nuestros compañeros.
 

Río Maniapure, Edo. Bolívar

Río Maniapure, Edo. Bolívar

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Anochecer en el río Maniapure, Edo. Bolívar

Sentí la inocencia en en el hocico de los perros que durmieron con nosotros, y nos despertaban antes del alba dándonos con las colas por debajo de las hamacas, que creo no sabían lo rico que es que les rasquen la panza. Siempre hago amigos perrunos donde voy. San Francisco con ellos.

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Amanecimos inocentes cuando cerca del campamento un montón de indígenas velaban nuestro sueño, los exóticos eramos nosotros, no ellos, nos esperaban silenciosos con sus inocentes manos diestras  para el arte y ornamentación.
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Comí de manos inocentes que amasaban kilos y kilos de masa, cortaban decenas de papas, cocinaban como ángeles y tenían un fogón de sonrisas.
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IMG_4840IMG_4840Jugué con niños y adolescentes inocentes, que la violencia más expresa que conocen es el salto de una cascabel.  A esta niña la tuvieron que matar, muy a nuestro pesar. A veces no hay otra opción que darle paso a la muerte. El episodio pudo ser un susto mayor porque la agarramos creyendo que ya no vivía,  resulta que sí. Toco darle otro palazo. 
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Tuve que recordar con pena, mucha pena, que a veces la vida se detiene  porque se rompen nuestros zapatos del alma; vi  a una de nuestras niñas que se les rompían los suyos, se los quitó y con inocencia siguió jugando como sino pasara nada. Me sentí avergonzada porque hace no mucho en un ataque de ansiedad me compré tres pares que en realidad no necesito, no me sentí afortunada, sino tonta, mal gastadora, un paño tibio a otras carencias -que no puedo comprar-; porque resulta que con muchos zapatos pero con el corazón roto, debo seguir jugando la vida, caminando firme sin perder la ternura. María y su inocente fuerza me sacudieron la estupidez.
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Mi quería María

Mi quería María

Me maravillé con la vejez acompasada de rituales y silencios en la compañía de un indígena setentón llamado Ochoa, quien se dejó abrazar, jugó fútbol conmigo y hasta me permitió tomarme una foto con él; cosa a que los Panares no son muy asiduos. Muchos momentos del campamento fueron de oro, pero este fue la joya de la corona. Cuando puse la cámara hacia nosotros y se movió el lente buscando foco, él se acercó sorprendido un poco hacia ella;  eso me conmovió.

Fui inocente ese día gracias a él, y recordándolo vi mi piel llena de picaduras, cuando alimenté a la plaga colocándome OFF, entendí que parte del ritual selvático es alimentarlos con mi sangre llena de humo de carros de la ciudad, restos de azúcar y grasa de comida chatarra. Reconocí que debo hacer más por mi salud, ser una floja empedernida no me va a conducir a la vejez con temple que vive Ochoa. Afirmé plenamente que no necesitamos absolutamente nada, ni la tecnología, redes sociales, carro, electricidad; nada necesitamos si no aceptamos que vivir es el privilegio de seguir sorprendiéndonos; la intensidad de la imaginación que roba besos. La presencia absoluta de Dios a través de los demás.

 

Mi amigo Ochoa, étnia Panare, Edo. Bolívar

Mi amigo Ochoa, étnia Panare, Edo. Bolívar

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Mi amigo Ochoa, étnia Panare, Edo. Bolívar

Caí por inocente cuando vi a uno de los indígenas llegar en bicicleta con un cachicamo en la mano y yo salí corriendo a ver el animalito, nunca había visto uno, y resulta que cuando me lo puso en las manos y yo busqué verlo bien, el cachicamo tenía la lengua afuera. Me tomé la foto y cuando vi mi sonrisa me sentí como una cazadora furtiva. Se lo devolví con cara de decepción y algo de asco por el cadáver en mis manos. Caí por inocente, en qué cabeza cabe que un cachicamo se deja cargar como un cachorrito. Ni modo. Inocencia o tontera, a veces es lo mismo.
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Comencé a ver más pleno el paisaje, llenando de esperanza mi alma,  los adolescentes día tras día sacaban su liderazgo, entendían el valor de emprender proyectos que les generarían ingresos y mejoras a su comunidad. Ojalá nuestros gobernantes amaran más el futuro, estos muchachos merecen heredar un país sano donde hacer familia y progreso; no el que heredamos nosotros que ahora es huida y desaliento.
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Suspiré y respiré; contuve lágrimas y sonreí, ante la presencia inocente de las comunidades indígenas que han sobrevivido a la desidia, a las mentiras blancas, verdes y rojas. No hay mucha diferencia entre la época de la conquista y este famoso siglo revolucionario y supuestamente moderno; siguen desprotegidos, ahuyentados de la prosperidad, cautos y temerosos de esta piel blanca que una vez más es casi inútil para generarles confianza; con un acercamiento pausado, tuve que contener mi espíritu periodístico, mi ritmo acelerado por fotografiar y entender su negativa al lente, acompasarme momentáneamente a sus vidas. Pocas fotos de los Panare pude hacer; sin embargo hay vivencias, respiraciones agitadas llenas de pesares  y alegría en simultáneo, que sólo entiende Dios. Vivir plenamente es la mejor fotografía.
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Casa Panare, en la comunidad de Bizcochuelo

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Chinchorro y fogata en la comunidad de Bizcochuelo

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Madre Panare, en la comunidad de Bizcochuelo

Un llamado a la inocencia fue el que logramos cuando vimos a niños criollos, y niños indios compartiendo sin distingo de raza; esas diferencias que se creen no existen en Venezuela y cuando escarbas un poco las veas dilatadas de tanto desencuentro. Maravilloso fue ver como las niñas también se integraban en igualdad y risas, a pesar de una cultura que las aparta y no las permite visibles. Saberlos allí unidos fue gratificante y un ejemplo de la nación posible; sólo hace falta una cosa: reconocernos hermanos.
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Lloré inocente a mitad de nuestra travesía en una noche en soledad, cerca del río Maniapure, había sido un día duro, de emociones encontradas; a veces amar tanto a la gente duele, tenía quebrado el corazón con esas injusticias que vemos y en las cuales no podemos intervenir. Batallas que no son nuestras, pero que a veces nos toca presenciar. Nadie supo de mi conversa con el río hasta este momento que lo están leyendo, aproveché la oscuridad total del campamento para esconder mis ojos cansados. Amanecer, estar todos juntos y tener un día más con los niños era una solicitud de fe en un sitio que precisamente se llama “La Milagrosa” en honor a la Virgen María, compañera absoluta de mi sombra y mi luz. Obtuve mi milagro e hice un ejercicio de perdón; solté el equipaje, empujé el amor.
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Imagen de La Milagrosa en la capilla de la Fundación

Inocente paisaje el del campamento, fue el que lograron construir mis compañeros voluntarios, scouts de corazón que dieron todo, todo, con cansancio, lluvia, temperaturas extremas (para los foráneos), porque era la única opción; todos los que estuvieron a nuestro lado en Maniapure fueron merecedores del fluir agitado de nuestra sangre, de nuestros pulmones oxigenados de libertad. Todos.
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La Fundación Proyecto Maniapure está ávida de recibir ayuda, donaciones en efectivo o ropa usada en buen estado (para el calor), medicinas no vencidas (sobre todo pediátricas), artículos de odontología y laboratorio. Sí desea contribuir con esta noble labor puede ir a la página http://www.maniapure.org/comoAyudar.html donde está todas las vías posibles incluyendo proyectos de la LOCTI.
Si usted no cree que la inocencia es posible en los albores de este Siglo XXI mancillado, en esta Venezuela fragmentada, tenga como destino Maniapure, sabrá que Dios aquí habla de atardeceres eternos que le rinden culto a luna llena, grillos que murmuran lo noble de ser venezolano.
Atardecer en Maniapure, cerro El Chiguire y tonada de Luna llena

Atardecer en Maniapure, cerro El Chiguire y tonada de Luna llena

Mi agradecimiento especial con Jacobo Montaño, quien me invitó a las filas de su equipo, siendo un jefe increíble.  Quien además tuvo la osadía de entregarme la pañoleta del grupo scout Cayaurima, la cual porté con honor y profundo amor. Mis manos y lealtad a tu lado. Amigo sabes que tu mirada es parte del crepitar de los leños de mi corazón.
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Gracias dulces a Verónica Soca representante de la Fundación Proyecto Maniapure, quien creyó que mi presencia y experticia profesional y humana sería útil para nuestra convivencia; mi admiración contigo que además fuiste maestra en estas escuelas rurales; tu pasión y responsabilidad alienta a ayudarte un poco más, tal vez mucho más. Que Dios disponga, que Dios te fortalezca.
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Y por supuesto a Kotty, Miguel y Katty que les tocó la parte operativa más ruda en el campamento, mi orgullo de haberlos conocido, la vida  es muy generosa conmigo cuando me deja reflejarme en las pupilas de otros que tienen coraje y amor por el mundo. Los abrazo apurruñao.
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Miguel

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Katty

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Kotty

Por último a cada miembro de la Fundación, madres voluntarias, empleados, equipo médico, pasantes, nuestro corcel Alcides, en especial a cada niño y joven que convivieron con nosotros una semana mágica, mojada, sudorosa y conmovedora; a todos mi oración para que no cesen la labor.

Vale la pena dejar el aliento en el Maniapure. Vale la pena  estar siempre listos para “Servir y Amar”.

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Piedra el King Kong, Maniapure, Edo. Bolívar

Atardecer en Maniapure, Edo. Bolívar

Atardecer en Maniapure, Edo. Bolívar

 
 
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5 comentarios en “La sabiduría en Maniapure, un canto inocente

  1. Felicitaciones, excelente artículo. Maniapure es realmente un lugar espectacular de Venezuela, en el cual confluyen maravillosas energías cósmicas y espirituales.
    A quienes quieran conocer más de Maniapure, de su gente y de sus culturas, y les guste la lectura, los invito a leer los siguientes libros:
    1°.- http://www.amazon.com/alimentario-comunidad-ind%C3%ADgena-Maniapure-Venezuela/dp/1500616923 (Tesis Doctoral)
    2°.- http://www.amazon.com/CHIWIIRI-KOONAM-Leyenda-Panare-Spanish/dp/1514639882 (Leyenda de los indígenas Panares o E’ñepas)
    3°.- http://www.amazon.com/Am%C3%A9rica-que-muri%C3%B3-Berruecos-historia/dp/1516906977 (Novela que se desarrolla en las cabeceras del río Maniapure).

  2. Claris……. estaba haciendo un seminario de irrigacion de la columna vertebral. Estaba surfeando por la red y de repente me encuentro con esta sorpresa. Lo que escribiste fue grandioso. Tengo que regresar a Maniapure. Genial!! Barbaro. Me revolviste todas mis emociones y todo lo vivido en Maniapure. Simplemente sin aliento. Adolfo Viloria H

    • Mi querido Adolfom no tengo ni idea de por qué no había respondido este mensaje, juré que lo había hecho. Nuestra vivencia en Maniapure fue extraordinaria, nos sirve en el corazón para atravesar los paisajes menos amorosos.
      Estoy en Costa Rica desde hace 10 meses, extraño demasiado…
      Un abrazo inmenso

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