Bogotá humana. Crónica 1. 23 Oct 2014

Abracé la obra gorda y majestuosa de Botero, recibí amabilidad ilimitada. Me encontré una ciudad lucha con sus miserias a través de la belleza. Le dije a mi estómago que no se preocupara por delicioso y corpulento ajiaco que me comí a las 7pm.

Conocí y estuve en una charla con uno de los padres de la fotografía colombiana, el maestro Abdu Eljaiek. Usé el transmilenium desde el aeropuerto hasta cerca de mi hotel como si fuese citadina. Entré y agradecí en una hermosa iglesia franciscana. Conversé con don Jesús que vive en situación de calle y carga consigo cinco perritos que -son su familia-.

Entré en varias librerías en las cuales el tiempo se detuvo arremolinado en letras. Comí fruta fresca después de haber quedado impactada con tanto brillo del museo del oro. Entré en un supermercado donde hay de todo. Merendé una oblea con dulce de leche, mora y… queso rallado. Conocí a un hombre guapo que según él sabía que soy venezolana.

Se me quemó la cara por el frío y sol, es que no tengo el hábito de ponerme protector solar a las 3 a.m. Me comí una bolsita con papitas colombianas asadas y pedacitos de chicharrón. Visité el centro cultural Gabriel García Marquez y leyendo me quedé dormida en el sofá, nadie me molestó. Me conseguí un Simón Bolívar de pie, en la plaza de los periodistas. Vi gente esperando cerrar una iglesia para acostarse a dormir en su puerta, tal vez es lo más cercano a dormir con los angelitos.

Me quedé sorprendida por la magna biblioteca pública y el pocotón de gente que la usa. Me hice selfie con una mariposa amarilla gigante que evoca al Gabo. Vi la obra de Dudero, que no lo conocía, jugué en una expo interactiva sobre la costura y creatividad, por primera vez vi una escultura de Dalí y me quedé sin aliento, aprendí cosas de los Wayu que nunca me dijeron en Venezuela, el valor de ser un -Pütchipü’ü- que es un mediador de paz. Vi gente vestida como en un otoño de París -suspiré-.

Entré a una facultad de derecho por el simple interés de ver la arquitectura del edificio, ah pasé sin carnet. Tomé fotos con una cámara compacta que no lo había hecho en años. Caminé libre sin pararle a mis dolores articulares, secuela del chikuncosa. Ciudadana del mundo y sin miedo. La ciudad que dice que es humana y yo hoy sentí que ES así. Estoy suelta en Bogotá. Agradecida.

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