Bogotá Humana. Crónica 4. 26 Oct 2014

Hoy, en esas coincidencias deliciosas de la vida llegaron a Bogotá mis amigos Elda y Carlos, ella ha sido siempre mi cachorra, aunque ya es una mujer bellísima. Quedé en esperarla en su hostal, yo estoy en la carrera 8, ella en la 2, qué son cinco calles hacia arriba, me dije y empecé plano, plano y luego sube, sube y sube, pegadito a la montaña. Como ustedes deben saber quienes planifican la ciudad a veces no la viven, no la caminan, yo llegué a la carrera tres, algo enratonada por cierto, y de repente no encontré la calle 2, sino la 1. A vaina, el vino y sus secuelas, me volteé y nada, abajo estaba la tres, entonces más o menos qué se hizo la dos. Un señor venía bajando y le pregunté con mi dulce acento venezolano, qué cómo era posible que pasara de la tres a la una, ese fue mi error, me quejé, me vio como bravo y me dijo “mija de la vuelta detrás de esas casas, por allí esta la 1B, a ver si ve la 2″, mi cara fue un poema, no era suficiente la calle perdida para ahora incorporar la 1B. en fin caminé, efectivamente di la vuelta, nada de rastros de la dos, bajé una cuadra más y de repente, así de ladito, estaba la susodicha dos. Me metí por un callejón lleno de colores y hostales, había aroma a licor y hierbas ilegales, pero seguí. Hasta que encontré la dirección, bello lugar, cerquita de una plaza llena de esculturas y con neblina. Además será mi cueva partir de mañana, porque yo me iba a Medellín, pero en vista del éxito de mi tarjeta, decidí quedarme quieta en Bogotá, todo tiene su razón de ser, ahora parte de estas crónicas estarán en la compañía de Elda y Carlos.

Teníamos una meta hoy, ir a Andrés carne de res del D.C. a comprar entradas para la fiesta Halloween. Yo como tengo una amplia experiencia en Bogotá de tres días, era la guía turística, nos fuimos en búsqueda del transmilenio que nos llevaría, justo a la zona donde yo empecé mi mega caminata de hace dos días, la avenida Caracas, sí, esa la del cementerio y travestis, sino lo ha leído, vaya en mi muro unas publicaciones atrás.
Nos montamos en nuestro autobús, gracias a mi pleno dominio nos bajamos en la estación que no era y de allí en adelante perdí credibilidad, como no andamos solos en esta vida, un muchacho nos oyó conversando con un polícia y nos guió en el camino, por -coincidencia- iría a la misma estación que nosotros. Era un chamo de no más 19 años, que decidió entrar en la academia de policía, porque según él, sólo con ese sueldo podrá pagar la universidad. En Colombia la educación sigue siendo elitista, poco plural, ojalá pueda concretar su sueño. Nos llevó hasta el torniquete de salida e indicó hacia donde debíamos caminar. Yo sabía, pero como ya dije, no tenía mucha credibilidad en ese momento. Este joven es la buena prueba de la amabilidad que se lográ encontrar en Bogotá.

Llegamos a lo que llaman la zona T, el paisaje cambió radicalmente hacia la opulencia y el lujo, nosotros como que no combinábamos vestidos con jean, franela, sin maquillaje, ellos ojerosos levantados desde las 3am y con morrales al hombro; tiendas de marcas de moda, con vitrinas al estilo New York y París, todo lo que ese horroroso mundo capitalista nos ofrece estaba allí concentrado ante los ojos de tres venezolano, con un cupo de 700$ en la tarjeta de crédito.

Llegamos a Andrés carne de res y… -rebotados- ya entradas para la fiesta no hay, yo me dediqué a comerme las ciruelas que tenía servidas en unos canastos en la puerta, mientra Elda buscaba wifi, ya no sé ni para qué. Vimos una señora llegar con un coche de bebé que parecía un 4 x4 con muchos espacios, incluso para la criatura. Si se le pone batería sirve para manejar en la ciudad. Empezaron a llegar familias muy blancas, debo hacer esa distinción porque en el centro, hay un mix como el que conocemos en Venezuela, en esta zona todos eran demasiado rubios, que yo blaaaanca como soy, era oscurita e india.

Al menos pagamos el almuerzo, cruzando los deditos para que pasaran las tarjetas. En lo que si me escucharon mis amigos, es que para rinda la plata, hay que hacer una sola comida fuerte, así que nos cominos unos burritos muy, muy gordos como elefantes, al mío no le puse lechuga porque me parecía un exceso y no sé cómo la lavan jajaja, acompañado de un refresco 0 calorías, por aquello del equilibrio.

Puedo jurar que toda la gente que estaba a nuestro alrededor era elegante, perfumada y sin control cambiario. Entramos en todas las tiendas, especialmente jugueterías, perfumerías y en foto Japón, suspiré por mi cámara. Cuando nos cansamos de ese centro comercial tan perfecto y abastecido nos fuimos. No podía dejar de entrar en Desigual, que es una de mis marcas favoritas, pero que va, un vestido en 300$ con o sin cupo Cadivi me parece un exceso, los vi, acaricié, y seguí, con la nariz respingada del este caraqueño.

No sé cuantos Mercedes Benz vimos, nos reíamos de ir a tomar el Transmilenio, porque estamos casi seguros que ellos no saben cómo se usa. Nos tocó ir apretujados, sin tener claro donde quedarnos, nos asustó un malandrín que no fue nada, solo susto. Un señor muy muy sucio me vio tomando agua y me pidió, le cedí la botellita ya casi vacía. Seguimos en el centro bogotano, que es muy aburrido los domingos, para variar nos empezó a llover, así que yo me quedé en mi cueva anaranjada de la carrera 8 y los muchachos se fueron a su colina colorida.

La tardecita noche no dio para nada más, sigue lloviendo y yo escribiendo. Todo tiene utilidad.

La Bogotá Humana hoy me mostró su lado superfluo, glamoroso, bonito desde lo que significa la industria de la moda, la cual amo, en la que trabajé por casi 8 años, la misma que construye desde lo académico mi hermana Elvira de Parés  con el Intituto Instituto Brivil en Caracas. La moda es una extensión de la creatividad, el contexto, la historia, una manera de relacionarse; la respeto y valoro en su justa medida. En mi vida he usado una copia de nada, lo que he podido pagar original ha sido con respeto a su creador, por eso detesto a los chinos y cómo usurpan todos los derechos de autor de las pasarelas universales, creo que Venezuela tienen un talento en el diseño que lo pone en altura, aunque en estos momentos no hay ni telas, pero cuando veo el empuje por ejemplo deYenny Bastida me inflo de orgullo. Iconos colombianos como Mario Hernández han labrado su carrera a pulso y sus piezas tienen su justo valor.

Hoy Bogotá Humana me mostró ese lado en que la gente a veces se queda sin darle fuerza al espíritu, de nada vale las marcas si la cabeza es un trasto inservible.

Comprobé aquello que te atienden como te ven, se lo comenté a mi amiga, si yo hubiese estado vestida tipo L´Oréal, maquillada, con el pelo de peluquería, estoy segura que tuviésemos las entradas de la fiesta en Andrés carne de res, y la encargada de una tienda de té cuando entré a ver los blends no me hubiese visto como gallina asustada, ni me hubiese dicho que la otra tienda de -ellos- estaba en París. Yo le pregunté, si la conocía, me dijo que no, no le dije nada, pudo haber sido una oportunidad para mi ego decirle que yo me conozco la ciudad luz como si me hubiesen parido allí, pero ya con la mazorca del día anterior había sido suficiente alimento para mis sombras. Ojalá algún día ella tenga la oportunidad de probar un té en los jardines de Luxemburgo, lo deseo de verdad. La vida es más simple y luminosa cuando a veces uno calla.

Hoy la Bogotá Humana mostró sus sombras glamorosas; yo la acepté con el mismo amor de los días anteriores.

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