Bogotá Humana. Crónica 6. 31 Oct 014

Esta vez hablaré sobre cómo NO transportarse en Bogotá, ahora si deseas hacer un viaje parecido al mío, adelante. De los autobuses y otras situaciones carcelarias; montarse en un carrito por puesto puede ser algo apretado para todo aquel que mida más de 1.70 como yo, así que ruegue conseguir puesto, porque sino el dolor de cuello lo acompañará para siempre. Tenga a mano el pasaje, que puede ser una incógnita porque dice que es 1.600, pero puede ser 1.500 y además ni crea que puede hablar con el conductor de manera fluida porque lo separa una gran reja y solo queda un huequito por donde darle el dinero, si quiere por allí mismo le puede preguntar algo, pero mejor no, porque como nadie les pregunta nada, se asustan o van escuchando musiquita muy concentrados, parece un autobús de presos.

NUNCA, nunca confíe del todo con lo que dice el aviso, el día que fui a la 90, porque almorzaría con mi amigo Alejandro que ahora está en L´Oréal Colombia, tomé uno que decía calle 90,sin tomar el detalle de la carrera a la que iba y terminé del otroooo lado de la 90, como decir Francisco de Miranda en Petare y yo iba a Francisco de Miranda en Chacao, así que me tocó tomar un taxi para darme cuenta que la oficina de mi amada L´Oréal queda a dos calles de la zona T, aquella la muy glamorosa. En fin, no se fine de los autobuses y sus letreros.

Vamos con esa maravilla moderna que engaña que es el transmilenio.Miren mis amigos Elda, Carlos y yo compramos una tarjeta verde que se llama -la llave- la cual hemos usado solo dos veces, que si la tarjeta roja, la azul, a veces la verde,total ni terminamos de entender el pocotón de letras y números como tampoco qué hacer con la verde, así que hacemos colita para comprar ticket y ya ¡frescos!. Cuando fuimos a la Catedral de Sal, nos tocó vivir la excelsa experiencia de esperar en el portal norte el bus que iba al centro, era una oleada de gente que te empujaba educamente, nosotros necesitábamos el J72 y en el mismo carillo solo llegaba D10 tanto, que pensamos estábamos equivocados de puerta, hasta que una señora muy bogotana ella, nos dijo que empezáramos a llamar a la “J”, y así de pueblo adentro, gritábamos “J”, “J” cantaito y todo, hasta que funcionó y uno de los choferes puso en su aviso digital J72, aplaudimos y todo.

La cosa mejoró cuando supimos lo que es un -trancón-,el bus no se movía ni pa´llá, ni pa´ca, asi que es recomendable andar con amigos o con un buen libro, en nuestro caso también teníamos un ratón de tela,mascota de un muchacho de California, que andaba con nosotros, junto a una rusa y un australiano, por aquello de hacer del viaje lo más internacional posible. Casi dos horas nos llevó estar allí, hasta que rodamos casi matándonos, porque si algo hacen fuera de los trancones es correr,sobre unas losas de asfalto que están esperoladas, por lo que deduzco que el tema de repuestos y amortiguadores no es un tema en esta linda Bogotá.

Si va a usar taxi, tómelo con calma, les gusta hablar mucho y cuando se dan cuenta que uno es venezolano,viene la cantaleta por lo -mal- que está Venezuela y no queda más que darle paso al sufrimiento con la solidaridad bolivariana del taxista.

Sé que va a preguntar si hay mototaxi, no y no; aquí los motorizados tienen unas mototas, todos usan super cascos y chaquetas muy gruesas, no se le tiran a los carros, algunos atracan sí, pero sólo en algunas zonas que ni idea cuáles son, así que no es bueno estar en la mitad de la calle hablando por el cel, no vaya a ser que esté justo en -esa- zona, de resto, hasta guapos son, las esquinas de la ciudad están libres de paradas y por supuesto aquello de los -colectivos- no existen, al menos no en nuestra modalidad revolucionaria.

Debo ser sincera, Bogotá debe ser mejor en moto que en los trancones, el tráfico es insufrible; además que aquella dulzura bogotana desaparece totalmente cuando toman un volante. Como toda ciudad, eso incluye hasta París, cuide sus bolsos, ser ratero es un oficio universal.

Esta crónica es sólo para el transporte, ahora voy por “Bogotá ecléptica” para que sepan cómo se convive en una misma ciudad con un plato de morcillas y una pizza con aires de premio gourmet, así como una nota especial para la Catedral de Sal y la montaña de Monserrate, que merecen una descripción hermosa y bordada en fe. Besos bacanos.

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