Bogotá humana. Crónica 7. La fe desde la roca. 30 Oct 2014

Bogotá Humana y su fe.

Esta ciudad generosa en buenas experiencias me mostró sus iglesias antiguas, franciscanas, oscuras, llenas de madera e incienso, con imágenes de santos que yo no sabía que existían y muchas veces con las puertas cerradas, porque siempre hay un maluco que quiere dañar algún altar; entonces me tuve que conformar en esos casos con sólo con ver las fachadas.

La ciudad es bordeada por el hermoso cerro Monserrate, que mi hizo sentir un poco más en casa, porque es cierto, los caraqueños amamos el Ávila, aunque yo no sufro de esa nostalgia citadina, pues no estuvo demás que Bogotá tuviese una montaña para verle en la mañana, debo decir que siempre estuve confundida, porque no está en el Norte, sino al Este, duré unos cuantos días para orientar mi brújula.

No tuve la experiencia de subirlo a pie, cuando comencé los primeros 300 metros mis manos se empezaron a hinchar como si fuese Hulk y mi rodilla izquierda se sentía muy, muy mal. Creo que cargaré a cuestas la estela del chikingunya un rato más. Mi grupo de amigos seguió el camino, yo me fui a tomar el funicular, al cual le tenía mayor expectativa, pero no las llenó, imaginé que podía ser como el del Corcovado de Río de Janeiro, lo cierto es que no, por aquello que cada cosa es lo que es, sin parecerse a nada más. En menos de cinco minutos ya estaba casi en la cima del Monseratte, me dispuse con cierta vergüenza por no haber subido a pie, a recorrer todo el viacrusis hasta llegar a el santuario que data de 1640.

Las paredes impecables, pintaditas del santuario le restó magia a mi encuentro, es que me gusta ver la antigüedad de las paredes en las iglesias, imaginar tanto ruego centenario, el olor a pecado lavado, suponer que se han arrastrado una que otra cola de novia, el jolgorio de la navidad milenaria y por supuesto ese momento emancipado del día de resurrección de nuestro Señor. Nada de eso encontré, a quien si hallé fue a la Virgen de Monserrate, cuyo nombre evoca la misma advocación de La Cataluña (España), hermosamente sentada, impecable, serena, de piel negra como la África que añoro, su bebé sentado en sus piernas y una esfera en su mano derecha que simboliza el cosmos. En el extremo izquierdo está su capillita, silenciosa, de bancos de madera, y muchos susurros que la invocan. Madre hermosa, Señora y compañera mía. Le dije algunas cosas, por supuesto que ella sabe desde siempre, pero no es desperdicio volver le pedir -ese- milagro. Sigo en su espera, por aquello que mi tiempo no es el de Dios y sólo el de ÉL es perfecto.

Bajé la montaña para limpiar mi orgullo, junto a Carlos Eduardo , porque Elda se había ido con el grupo de gringos (traidora). Nos acompañó un buen rato una perrita negra, joven, ansiosa de más caricias, estuvo con nosotros dándole la vuelta al santuario, cuando vio que nos íbamos, nos siguió, me daba sentimiento, porque era obvio que no se podía ir con nosotros, ella pertenece a la montaña y estoy segura que afecto no le va a faltar. Aunque sería bueno que la gente de los restaurantes le dieran comida, estaba flacucha y sin collar, en el sendero se consiguió un hueso de carne y hasta allí nos siguió, creo que pudo más el hambre que el amor.

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Otro encuentro prodigioso fue ir a la Catedral de Sal se Zipaquirá, es realmente una maravilla lo que han hecho en esta mina que aún está activa (http://www.catedraldesal.gov.co/ ) Un recorrido hacia la profundidad de la Tierra y ver como en el camino fueron realizando un viacrusis con piedra de sal, de verdad impacta, además saber que se está debajo de la montaña y se puede respirar perfectamente.

Tuvimos la oportunidad de jugar al minero, y traernos nuestros pedazos de sal, yo tengo la costumbre de andar recogiendo piedras, arena o sal de los sitios donde voy, con esta, es la cuarta sal que tengo, la primera es del Mont Saint Michel en Francia, la segunda es de la Isla de Coche aquí en Venezuela y la tercera del desierto de Atacama en Chile. Creo en los efectos poderosos, protectores y sanadores de las salinas. Todos los latinos sabemos que bañarnos en el mar limpia hasta el mal del amor.

La Catedral de Sal me dejó feliz, regocijada de la capacidad humana cuando la mueve la fe, no se puede ir a Bogotá, sin tomarse el tiempo para salir a una hora de la ciudad y quedar salado de alegría. Lo único que me dejó pensativa es que en la actualidad la mina no usa explosiones para sacar la sal, pero si hace unos huecos muy profundos que según ellos puede tener la misma altura de la Torre Eiffel, y luego los saturan de agua -dulce- para eyectar la sal a la superficie y drenarla con unas tuberías hasta la planta. Todos sabemos que el agua se está convirtiendo en un recurso no renovable y aqui se usan miles de galones en la minería.

Otra cosa interesante con respecto a la sal, que no sabía, es que esta no posee yodo, para que sea así es necesario la presencia de algas marinas, por lo que sal yodada solo se da en las salinas cerca de las costas; además de imaginar que toda esta zona en algún momento fue mar y el tiempo la volvió solo montañas. Cosas de la evolución del Planeta.

Algo hermoso dentro de la Catedral es una imagen del Divino Niño, que fue otorgada como agradecimiento por la sanación del hijo, de quien fuese el director técnico de la construcción de este santuario, el ingeniero Jorge Castelblanco. Dios y sus propósitos. 

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Esta es la nave principal, la cruz al fondo mide 16 metros y está en bajo relieve en la estructura de la piedra. La foto fue tomada desde el coro.

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4ª ESTACIÓN: ENCUENTRO CON LA VIRGEN. Dentro del Santuario hay un viacrucis hecho con piedra de sal, cada estación es bella, pero esta me conmovió; a la izquierda está la representación de la Virgen María y a la derecha la representación de María Magdalena

El tercer encuentro con las iglesias en Colombia, fue con la del Divino Niño en la zona 20 de julio, hacia el sur de la ciudad; muchas personas le advertirán no ir o ir con cuidado, yo opté por la segunda. Me monté en un autobús local y me fui con mi amigo Carlos hasta el Santuario. Encontramos una iglesia de arquitectura que parece romana con un campanario gótico, no tengo muy claro el estilo aún. (Al momento de actualizar el post sigo en búsqueda de ese dato).

La iglesia fue construida en 1942 y la imagen del Divino Niño fue realizada por el artesano Blas Brando y traída desde Italia para consagrarse en Bogotá, gracias a la gestión del Padre Juan Rizzo quien creía que era importante estimular la devoción por el niño Jesús. Sin duda logró su cometido.

Entramos a buscar al niño, cosas de la imaginación, creí que iba a ver una imagen inmensa del niño Jesús y resultó ser un pequeñín rodeado de flores y metido en una cajita de cristal. Algo muy sabio me dijo la señora que a las afueras vendía rosarios, que es cierto que es chiquito pero es muy poderoso en milagros. Es que la fe no depende de la imagen sino de la conexión con Dios y sus cientos de ayudantes para realizar milagros. Creo que después de haber visitado San Pedro en Roma, quedé con la idea de encontrar iglesias majestuosas y no es así, es más no es necesario y eso lo debí haber entendido en la Iglesia de San Miguel en el Monte Gargano, que es una cueva pequeña, pero de una energía impresionante; en Bogotá lo corroboré, no hace falta tanta magnitud arquitectónica, sólo creer y orar.

El nieto de la señora de los rosarios nos acompañó como dos cuadras para tomar el autobús de regreso al centro, un chipilín de no más 10 años, a quien le pregunté si se iba a vestir de Halloween y me dio un no rotundo, explicándome muy serio que a él no le gustaba esas cosas. Es que no a todos les gusta andar de parranda.

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Lo cierto es estas estructuras representan parte de una de las religiones más extendidas como es la católica. A estas alturas de mi vida, creo en Dios como fuerza absoluta, tengo conexión luminosa con la Virgen María, tengo algunos Santos por buenos amigos y sin duda me agarro duro de las plumas de San Miguel para que me proteja en mis andanzas, no niego a ninguna de las otras religiones, tengo inclinación amorosa hacia el Islam, viví bajo su techo y normas, hay cantos del Corán que me arrancan las lágrimas, respeto a quienes solo fomentan su fe en nuestro Señor Jesucristo y aclaman que es el único camino, entiendo cómo funciona y sobrevive el Judaísmo, me parece mágico y fuerte cada deidad del Hinduismo, amo la paz y alegría de los budistas, he visto en la Santería cosas que no se pueden explicar y están allí, sé que nuestros indios y aborígenes del mundo ven en la naturaleza la fuerza y amor absoluto de Dios, entiendo en quienes creen en sí mismos y nada más, aunque no se den cuenta que es una manera de conectar a Dios. Entonces lo que hay que hacer es disfrutar del esfuerzo humano por hacer de la arquitectura un momento de encuentro con lo superior, ser tolerante, pedir paz, alimento y techo para todos los habitantes de la Tierra (incluyo animales y plantas) y tomar un tiempo para solicitar los milagros propios, esos que dibujan con colores de esperanza. Tal vez escribir como hago yo para que el corazón de los demás lata con más oxígeno luminoso.

Agradecida total con la Bogotá Humana, que me puso frente al espejo, porque todo lo que viví, lo que amé, aquello que me incomodó, todo está dentro de mí, solo tuve la oportunidad de verlo de nuevo a ojos abiertos y con el corazón sereno y a veces molesto. Ser así sin poses, sin velos, tomadora de vino, habladora, mal portada, amorosa sin fin, cascarrabia justiciera, pata caliente, pero por sobre todas las cosas creyente, sé que tengo propósito de vida, sé que soy una criatura más de Dios.

Gracias a todos los que me leyeron, viajaron, respiraron, se conectaron a Bogotá como yo lo sentí. Los invito a vivir sus propias crónicas. Hay días que no pasan sino las horas, aún así siempre hay algo que contar, un pequeño milagro que relatar. Una Helvia a quien extenderle una mano, un perrito al cual ponerle comida y agua. Una oración por alguien amado. VIVIR.

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Cerro Monserrate y la negrita. Dios habla de muchas formas y estoy convencida que dice “guau”.

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