Aceptar tu cuerpo #30DiasDeTransformacion

Las mujeres tenemos un peso encima que no es el de los kilos, sino el de falta de aceptación física; no sé que tanto sufren el tema los hombres, así que me dedicaré a conversar hoy sobre mi visión femenina del tema, del cual además yo también fui víctima (porque quise).

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Autorretrato – perdida en el neón. Los excesos destruyen el alma, capturan la belleza y la desplazan a la oscuridad. Lo femenino que transmuta en el neón se vuelve frágil, ausente, sumiso. Un momento perdida en el neón puede costarte incluso la libertad. Reto 30: auto retrato

Las mujeres crecemos con un mensaje distorsionado sobre la belleza, desde la casa, la influencia publicitaria y de la moda, las cosas que nos dicen desde niñas, todo, te convierten en princesa o reina, sin reinado ni súbditos, eso lo descubres a medida que vas creciendo; y si te tocó un país como Venezuela donde hay culto a banalidad, entonces es muy probable que quieras a juro entrar en un modelo de belleza al cual tu cuerpo y tu alma no pertenecen.

Nadie te explica realmente la transformación que sufrirá tu cuerpo con el desarrollo, que cada mujer posee un busto distinto, una cadera diferente, unas pompis con el centimetraje exacto, para que tu cuerpo tenga una especie de equilibrio natural. Solo sabemos, escuchamos una y otra vez que el 60-90-60 es lo -ideal- y es lo que deseamos después de alcanzar los 15 años, lamentablemente hoy nuestras niñas sufren esa ansiedad mucho antes. Resulta que nada de esto es cierto ni natural, porque las modelos necesitan forzar su cuerpo, por no decir destrozar su metabolismo para alcanzar la espigada figura de concurso, sumado en estos tiempos a la cantidad de prótesis mamarias que son regalo para quinceañeras, sin esperar a que sus cuerpos maduren.

Yo mido 1.80, esa estatura que para muchos es prodigiosa, para mí en la mayoría de los casos ha sido un fastidio, no cabes bien en ningún avión, menos en clase económica, la mayoría de mis parejas han sido tablas, es decir o casi de la misma estatura que yo o algo por debajo, usar tacones me sobre dimensiona y eso en realidad poco me gusta, caerse es un riesgo fatal, es demasiado lejos del piso, y las camas son un dilema, es más el tiempo que he dormido acurrucada o en diagonal que estirada como mi magnitud lo necesita. Entonces ser alta no es precisamente el campo florido que muchos creen, y otras desean.

Aún así, si algo me ha garantizado mi altura es ver mejor los paisajes, encontrar y que me encuentren más rápido entre un montón de personas, alcanzo todos los anaqueles del supermercado y de la casa, soy el mejor caballo al hombro de mis sobrinos.  Me han dicho que soy una -hembrota- supongo que es un cumplido, sé que cuando haces el amor la estatura no es necesaria, es más ni te acuerdas de ella. Puedo lograr tomas con la cámara que no hacen otros porque -no ven-, si estoy hablando en público nadie se queda sin verme y descubrí que con un 1.80 de largo también mis abrazos eran más mullido y envolventes. Así que en el paso del tiempo valoré ser grandota, valoré ser la media entre papá y mamá que también son inmensos. Agradecí que mis huesos están sanos (lo dice mi densiometría ósea) y aunque mis pies son larguiruchos también, sin ellos, sin toda esta suma de centímetros no pudiera rodar por el mundo como he podido.

Con el busto he peleado la mitad de mi vida, siempre fue muy, muy grande para mi gusto, los dolores de espalda eran descomunales, mi cervical se curvó sin darme cuenta, correr o saltar generaba dolor; llegó un punto en que no los quise más y el no aceptarlos trajo sus consecuencias, tomé malas posturas, empecé a calcificar en la mama izquierda, así que mi tan ansiado sueño de tener un busto de talla -regular- se cumplió, pero no por estética sino por mera prevención oncológica. Eso no me hizo muy feliz porque pasé de la vanidad a la salud sin ningún filtro y ahora debo estar atenta siempre.

¿Qué descubrí después de la reducción mamaria? Que eran del tamaño justo para mi 1.80 metros, ni un poquito de carne más, ni un poquito de carne menos. Que dormir boca abajo era más acolchado que ahora, pero que ciertamente liberé a mi columna de una gran molestia. Veo ahora mi busto más pequeño, mis mamas redonditas sin caída ni dolores, sobre todo sin las calcificaciones en la izquierda y eso me genera agradecimiento, me reconcilié con mi forma femenina y agradecí a la ciencia sus avances en pro de un mejor bienestar de vida.

No voy a profundizar en el tema del peso, porque eso es una tragedia griega en las mujeres, incluyéndome; de lo que he aprendido en este tiempo que tengo más consciencia de mí misma, es que tener más o menos panza, es una decisión también. Soy una glotona por excelencia, de verdad mi metabolismo debe ser un santo, hoy tengo un exceso que yo misma he generado porque la ansiedad no me ataca por llorar o ser gritona, sino por comer y comer; cosa que me ha hecho daño, he logrado reconocerlo y estoy haciendo grandes esfuerzos por generar auto control. Acepté que soy adicta a la comida, pero que con la misma voluntad que he logrado tener cinco años sin fumar, este siguiente reto deseo ponerle más corazón que racionalidad; porque al final todo tiene que ver con los mismo, la aceptación y amor propio. Una vez tuve un novio que me quería flaca muy flaca y yo por complacerlo me puse flaca, muy flaca; no valió de nada, me dejó por una mucho más flaca que yo. Descubrí entonces que eso no era amor y empecé a valorarme de verdad.

Sí, el lograr la aceptación de las cosas que no puedo cambiar y de las que sí, de las que puedo hacerme cargo y enfrentar la vida con más luz que sombras ha sido el camino para ver a mi cuerpo con más dulzura. Toda nuestra evolución espiritual va ligada al cuerpo eso lo he entendido en mi último año de vida y lo he hecho sin sentirme víctima, sino con la posibilidad de verme en el espejo y decirme “hola bonita”, porque mis ojos se alejaron del dolor, porque mi ego se redujo a su mínima expresión, porque he hallado la manera prudente y serena de acercarme a los demás y ahora tratando de escuchar a mi entorno lejos de lo que yo quiero y creo. Aceptación.

Tengo un cuerpo maravilloso de 1.80, sano, con la sangre fluida, sin HIV que es el flagelo de mi generación, no me está pasando nada que realmente no pueda corregir con más paciencia y cariño. Me puedo levantar de la cama sola y volver a ella sola, sin sentir que la está vacía. Reconozco mis atributos físicos como regalos que me dieron mis padres y sé hoy, lo sé, que si quiero que mi espiritualidad y mis años avancen más, debo alimentarme mejor, hacer más ejercicio cosa con la cual no he logrado engranarme, pero allí voy, con mis clases de yoga y ahora con biodanza. Voy, he decido ir.

Sin duda África me regaló reconocer mi frondosidad. Hay tanto por avanzar.

ACEPTACIÓN.

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Autorretrato. París 2013

Alejada del invierno

Estaba cansada de palabras invernales, necesitaba el aliento tibio hecho soneto de amor, un refugio fugaz de un te amo a tiempo o el murmullo exacto de un deseo por explotar. Fui en su búsqueda y no las encontré. Esta ciudad no te abraza, solo te permite admirarla como si fuese prohibida, lejana, no te habla directamente, esquiva la mirada.

Encontré en París dentro de mi propio desorden, pude dejarlo escaparse en los linderos del Sena, se sentía atormentado de tanta hermosura y calma, no encontró rincones violentos donde ser temeroso sino un cielo muy blanco que hablaba de una pronta paz.

Por un momento mi vista se nublaba como confundida entre tanto arabesco y ornamento, poco a poco mi pupila fue seducida por calles ya transitadas y nuevas esquinas desnudas que en el presente estaban abrazadas de tanto pasado.

Entendí que lejos quedaba el atropello y la ansiedad, que era necesario abrir mi corazón a lo no vivido, al impulso perfecto de la belleza y la luz. Entonces supe desde el alma que estaba en París.   27 Marzo 2013 antes de llegar a África.

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