“Si lees, viajarás” #30DiasDeTransformacion

Dedicado a mis padres, mi abuela ITA.

También a Rosybel, Silvia, Roger, Alberto y Lin; que aún creen…

“Si lees, viajarás”, eso me lo dijo mi abuela paterna alguna vez, nunca se me olvidó. 

beatriz barbero

Ilustración Beatriz Barbero, tomado de la web http://beatrizbarberoilustraciones.carbonmade.com/

-Ven mi poporra, es hora de dormir-

– ¡No!

– Ven, te voy a leer un cuento

– Bueno

– Deberías leerlo tú

– No sé leer., mejor invento uno

– Inventar está bien, pero debes aprender leer

– Léeme tú

Su pequeño cuerpo se ajustó con suavidad al pecho de su padre, aquella voz aterciopelada la iba llevando por cada página, pocas veces lograban el final, porque siempre se quedaba rendida antes. Un cuento, una plegaria la ángel de la guarda, dulces sueños.

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Los padres que leen con sus hijos logran una conexión emocional superior, que en cualquier conversación habitual, no se los voy a referir porque lo dijo cualquier estudio psicológico, si quieren uno, hay cientos en Google, se los voy a narrar desde mi experiencia personal, desde mis cuentos de la mano de papá.

El cuento, la literatura en general tienen la habilidad de llevarte a terrenos mágicos, países que no conoces, sabores que explotan en tu paladar, aromas que inundan tu cuarto de repente, criaturas que hablan como humanos, humanos capaces de hacer cosas imposibles, traerte pedazos de la historia y vivirlas, sintiendo que tu cama es una trinchera en alguna guerra o que viste en primera fila como el hombre pisó la luna. Leer es un universo de posibilidades, tanto en la mente como en el habla, porque enriquece tu vocabulario y ortografía, además de generar plasticidad cerebral que en algo protegerá tu memoria cuando llegue la vejez.

Ilustración de Mary GrandPré, ilustradora entre muchas obras, de Harry Potter. Imagen tomada de la web http://www.marygrandpre.com/

 

Ahora bien, volvamos a la lectura y mi papá, que puedes ser tú con tus hijos, un sobrino, una ahijada, el vecinito de al lado. Cada vez que un adulto abraza o se mantiene cerca de un niño porque le va a contar un cuento, algo extraordinario sucede: Se escuchan el uno al otro. En un mundo donde cada vez más nos estamos comunicando a través de las redes sociales (sin voz), sin tibieza de piel cerca, conectar con un niño a través de un cuento, pudiera yo decir que es un milagro que luego los salvará.

Por qué digo que los salvará, la voz humana se queda grabada muy profundo en la psiquis,  ese sonido no lo reemplaza nada, ni siquiera la música; ahora que soy grande, que mi papá no está, tengo el poder de cerrar los ojos y escucharlo haciendo de lobo feroz, eso muchas noches me ha bastado para conciliar el sueño con su voz tierna. Debo decirles que no la escucho desde hace 32 años; pero él leía conmigo y cuando yo aprendí a leer, yo era la que le contaba los cuentos. Desde “Érase una vez…”, no he dejado de leer, no lo dejaré de hacer.

Mi mamá nunca me leyó cuentos, sólo me los compraba, eso en un tiempo me entristeció, pero después descubrí que no sabía hacer voces y que además le daba pena; lo que si hizo con total disciplina cada domingo fue enseñarme a que no leyera solo las comiquitas, sino entendiera que el periódico tenía cuerpos (aquella época) y cada uno un tema, en casa siempre se compró El Nacional, allí descubrí “Papel Literario”, donde me enamoré por primera vez de Benedetti, Gallegos, El Gabo, Sor Juan Inés de La Cruz, Uslar Pietri, Neruda, en especial de Eugenio Montejo, tantos ilustres criollos y foráneos.  Del papel periódico salté a los libros de poesía, las novelas, a la escritura. Ha sido un viaje sin fin.

No soy  Periodista de gratis, fue una semilla abonada por mis padres y abuela paterna, cada uno a sus estilo.

Therese Neelands

Ilustración de Therese Neelands, tomado de la web http://www.bellasbookshelves.com

Hay un estado de magia en la mente de los niños que permanece hasta su desarrollo hormonal, puede variar entre los 9 u 11 años, ya después la adolescencia, la adultez, la realidad, hace de lado la posibilidad que la mente albergue la magia de los cuentos, que la imaginación sea libre. La única manera de retenerla es seguir leyendo, porque cuando se llega a ser un adulto lector se es capaz de abstraerse del caos cotidiano y fijar la mente en temas más sanos, mundos más posibles, e insisto, funcionalmente ayudas al cerebro a reconectar sus capacidades, se encuentran soluciones más rápido, se logra visualizar la vida con mayor amplitud. Un lector sabe que el mundo, el universo es infinito en ideas, formas de hacer las cosas, reconoce la diversidad.

Tener una mente amplia se construye enseñando a los niños a leer y escribir, además es un derecho universal; y por supuesto tomándose el tiempo cada noche, muchas noches, de leerles un cuento antes de dormir. Que tu voz no sea solo para pedirles la tarea, que recojan el desorden, o laven los platos del medio día, que tu voz sea un pirata feroz, un ratoncito valiente, el hada madrina que todo lo puede, un mago que descubre que el amor vale más que sus pociones, que tu voz los salve cuando tú ya no estés. 

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Ilustración de Shelagh McNicholas, del libro “Help your child to read and write”.

He visto a mi ahijado convertirse en un guerrero de Narnia muchas veces, su hermanita ser un hada que concede regalos, esas escenas no la cambio por nada y es porque tiene una mamá que les lee con frecuencia, que los deja soñar con ella. Tengo una cuñada que es convirtió en mi hermana, cada noche sube a leer cuentos así el alma no le de para más,  debo decir que mi hermano se está perdiendo de esta magia, la compensa cocinándoles, lo importante es que uno de los dos los hace.

Tuve la suerte además de conocer en mi adolescencia a Roger Michelena (@libreros), quien estaba a cargo de la librería del Ateneo de Caracas, cuando estaba en Bellas Artes, sábado tras sábado después de mi reunión scout en el parque Los Caobos, me dejaba sentarme en cualquier rincón y leer lo que yo quisiera, él sabía no lo podía pagar, una vez me sorprendió comiéndome una galleta, pensé que era el final, sólo dijo “no manches nada”.

Cuando llegué a París por primera vez, ya conocía sus calles porque mi abuela me leía de ellas, tiempo después (lástima que no con su compañía física) mis pies fueron súbditos de la Ciudad Luz. Mi perrita se llama Ekaré que en lengua indígena Pemón, significa cuento, quienes la conocen saben que ella es todo un personaje. Tengo un coach que ha sido mi compañero de transformación en los últimos meses y su regalo de navidad hacia mi fue un ejemplar de “El Principito”, así o más amor por él. Una de mis personas preferidas del mundo es una Rana Encantada @ranaEncantada (Lin), ella va por toda Venezuela llevando cuentos, formando personas para que también los cuenten, ha demostrado que leer es una forma de crear paz, sobre todo en nuestros chipilines que también son afectados por la crisis.

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http://www.laranaencantada.com y @ranaEncantada en Twitter / Facebook

Leer cuentos con los niños les enseña sobre los valores, las diferencias espaciales y de tiempo, los estimula a imaginar concentrados en algo, les permite exteriorizar sus emociones a través de los personajes cuando son tímidos, repito, los conecta con tu voz, tu pecho, tus manos. Sí hoy lees con tu hijo, alguna noche en el futuro les devolverás la magia cuando las cruentas situaciones de la vida los pongan en los bordes. Yo sigo comprando cuentos, amo los ilustrados, a donde voy me traigo una “Alicia en el País de Las Maravillas”, la tengo en francés, italiano, inglés.

Lee con los niños, imagina, sana con ellos. Yo sé, que se llega a la casa cansado después de trabajar, si no puedes leerles con frecuencia, fija una noche a la semana que sea  especial de lectura, usa disfraces, has una carpa con sábanas, leéles con la luz apagada usando una linterna, abrázalos, susúrrales que los amas.

Recuerda, eso en algún momento los salvará.

Abuela, es verdad si leo viajo, he viajado, tú siempre conmigo.

3a

Ilustración sin autor, tomada de la web http://www.princeton.edu/pr/pwb/05/0516/3a.shtml Princeton weekly Bulletin

Leer en pareja también es alentador y estimulante, pero eso lo conversaremos en otro momento.

Namasté.

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