A Caracas le cortaron los pies

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foto tomada de la web http://www.muralesyvinilos.com

Hay muchas urbanizaciones en Caracas cuyos bordes o en los patios de las casas hay bambúes. A mí me encantan, tan largos, verdes y flexibles, hasta creo que murmura entre ellos con sonidos algo vacíos y secos.

Justo en Sebucán los hay, rebasan unos altos muros y al sol lo atrapan convirtiéndolo en sombras doradas, en las cuales transitar es una delicia. Ayer lo hice. Ayer supe que no lo puedo hacer más.

Esa larga calle de Sebucán llega hasta la bifurcación donde se encuentra el centro comercial Galerías, yo me encontraba trabajando unas cinco cuadras atrás y me dispuse a caminar hasta allá para poder almorzar. Caminé como me gusta hacerlo, despacio, observando, sintiéndome acompaña por los bambúes, respirando la cercanía del el Ávila. Debo decirles que era la única que estaba caminando en la calle, de resto todo el mundo pasaba en sus vehículos o motos. Yo caminaba, además tranquila, estaba fresco el medio día, no tenía real prisa.

Almorcé feliz y de regreso entré a casa de mi sobrina a darle un beso y seguir. Me encontré con su regaño, con un -¡te volviste loca, por allí no se puede caminar!- Se me arrugó el corazón. Hace pocos días hubo un atraco con todo y pistola, parece que es común el paso de delincuentes en moto que cazan a quienes salen de las casas y edificios. No regresé a pie a donde estaba trabajando, me llevaron en un carro, con los vidrios arriba, de prisa. No caminaré más en esas cuadras.

Esta escena se multiplica en mi querida Caracas, ya no se puede andar caminando por ahí como ardilla feliz, se acabó. Nos lo robaron. Ahora los bambues y árboles son peligrosos, si te detienes a admirarlos te puede costar algo material o la vida. Nos robaron la traquilidad de la caminata.

Caracas te cortaron los pies, andas de rodillas pidiendo auxilio. Esa es la realidad y yo me siento fuera del paisaje, atrapada, sin libertad.

Me tocó luego  leer en las noticias que a una familia completa la asesinaron en la autopista Valle – Coche, por adelantar un cortejo fúnebre plagado de malandros en moto. La pareja esperaba un bebé, sí, la muchacha estaba embarazada de siete meses. De varios balazos acabaron con una familia completa, la ilusión, la vida por nacer.

Cada día la violencia es el nuevo oxígeno, nadie está a salvo en ningún sitio. Me duele Caracas y su sangrienta realidad, porque además no hay intención por parte del Estado de que vuelva la paz.

A Caracas le cortaron los pies, a ti, a mí,  también.

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