la niña alada de ojos dorados

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Fotos de Tom Chambers

Cada quien tiene una historia a puerta cerrada; aunque estoy convencida que cuando la abrimos, el amor y la solidaridad entran, más que el juicio y el rechazo, todo va a depender de cuánto hemos amado y acompañado en la vida a los demás. Ley de reciprocidad.

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Hace unos años, creo que en el 2012, conocí en un café caraqueño a Adriana Bertorelli, era la gerente del lugar, debo decir que  cuando hablaba me parecía extraordinaria, te hechiza, tiempo después supe que es escritora, amante de las Bellas Artes, nada en su mirada y sus palabras estaban fuera de la gracia, nada.  Cuando conocí a su hija Federica, sentí lo mismo, es una niña que vuela, si uno se descuidaba te chocaba con su alas abiertas, una niña hermosa de ojos dorados.

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Nunca le presté mayor atención al color de sus ojos, su sobre pigmentación se perdía entre su risa, su perfume de flor recién cortada. De verdad ni le di importancia, ni pregunté.

Adriana y yo no tuvimos amistad cotidiana, somos de esas amigas de las redes sociales, que de alguna manera nos hemos hecho compañía, así que no podía estar ni siquiera cerca de la historia que escondía su puerta, hasta que la abrió.

A Fede la hemos visto crecer, hoy es una mujer hermosa. Es grato ver en ella lo que significa la transformación femenina, es emocionante saber que es un  milagro.

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El siete de este mes su hija, la niña alada de ojos dorados  fue operada de un trasplante de hígado. Ese día en su Facebook escribió “Mi hija, ahora, celebrará dos cumpleaños: Uno el 7 de octubre y otro el 27. ¿Saben qué? Los milagros sí existen.”  Yo también lo creo, celebro.

No puedo realmente imaginar el miedo de Adriana, yo sé que aunque ella ha escrito mucho sobre esta experiencia, el lenguaje no da lo suficiente para describir el terror cuando el amor está latiendo, es hasta una osadía tratar de hacerlo, sin embargo sé que cuando hablamos de nuestras tragedias, se genera paz interna y se da paz a los demás, es como cuando el Sol entra en un patio, poco a poco cubre todo tibio y brillante.

Fede está en las oraciones y plegarias de un montón de gente, ese de ángel de la guarda que tiene es muy valiente, ella es una valiente. Su operación implicó mover todos sus órganos internos, lo que le ha producido un dolor ilimitado, tendrá una cicatriz de por vida para recordarle luchar una y otra vez , cicatriz que en realidad será como las espinas de un rosal, florido, fecundo, grandioso, vivo.

Días después de la operación, Adriana escribió: “Mi muchacha de ojos dorados continúa en terapia intensiva y allí estará por varios días más”. Ya no está allí, hoy salió del hospital a dar una vuelta, camina, ríe, sus ojos han dejado de ser dorados,  su corazón no, VIVE.

Nuestra Fede salió de un gran capullo que estaba forrado de miedo y resistencia, para liberarse de un hígado que ya, literalmente no resistía más. Un informe médico que Adriana compartió con nosotros, hablaba de cirrosis terminal. Solo Dios en su conteo de segundos, sabía que ella estaba en el borde de tocar las estrellas. Solo Dios en su inmensa dulzura envió el donante a tiempo, paradojas de la vida, que el final de otro es el nuevo inicio de alguien.

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Cada día que pasa es una promesa de sanación para Fede, ya entró en mi rutina ir al Facebook de Adriana y leer su crónica diaria, ya entró en mi rutina aplaudir de pie a la vida, que “nos ha dado tanto”, en nombre de esta chiquita alada de ojos dorados.

GRACIAS.

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La niña alada de ojos dorados

En ti los rastros de la Primavera son brisa fresca, de tu piel se desprende el aliento de las estrellas

Sobre tu espalda se despliega el mundo, en ti no hay cargas, solo una profecía de amor

Cuando ya nada nos importe, reflejarnos en tus ojos bastará para reconciliarnos con la vida

Tus manos contarán esta historia a través de caricias y risas hechas nubes

Cada vez que alguien duda de la existencia de los milagros, pronunciarán tu nombre

Cuando sienta mis alas caer, iré a abrigarme en la niña alada de ojos dorados

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Ana Teresa Barboza

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