Elvira, mi dorada ternura – 30 almas que me dan color

En marzo es mi cumpleaños, y agradeciendo la vida, estaré cada día de febrero honrando a quienes me han hecho ser mejor cada día, ya con la presencia de cada uno, tengo regalo de vida para rato. GRACIAS.

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Yo me pierdo en tus ojos hasta el amor más profundo que se me ha podido regalar. Es así. AMOR total.

Hay amores espontáneos, los hay por sangre, por la costumbre, derivados de la amistad, el mío por ti es un amor construido como hicieron las grandes catedrales del mundo, piedra a fe, oración tras oración. Nuestro amor es un milagro, tú eres la nave central de mi catedral.

Hoy es el cumpleaños de papá y yo esperé pacientemente que fuese hoy para escribir del color que me das: dorada ternura.

Tienes la capacidad de aquietar mi alma volátil,  permitirme tus brazos para sentirme liviana, de verme a los ojos y darme respuestas de corazón a corazón.

Me desnudas el miedo para volverlo una posibilidad de vivir; me muestras que el dolor no es más que un pedazo del camino, pero que el cielo abraza día tras día, entonces mis sombras se disipan, vuelvo a la paz.

En la catedral donde se aloja nuestro corazón, está la Virgen María tocándonos con su manto, hay coros de ángeles que cantan y danzan todo el día para nosotras.

Eres la promesa de amor que mi hizo papá, y tuve la dicha de descubrirla a tu lado. Somos lo bueno, mágico, irreverente y natural.

Somos semillas de ideas creativas de mundo alegre y bondadoso.  Eres mi dorada ternura.

En nosotras se encierran todos nuestros hermanos, eres la Alfa, yo la Omega; y en esta historia el perdón lo es todo.

Gracias por tanto y más.

Tu chiquita.

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“Calla. No existe el pasado. No hay nada que perdonar. Empecemos a vivir desde hoy. Mira, el mar. El mar no sabe nada del pasado. Ahí está. Nunca nos pedirá explicaciones. Las estrellas, la luna, ahí están y siguen iluminándonos, brillan para nosotros. ¿Qué les importa a ellas lo que haya podido suceder? Nos acompañan y son felices por ello; ¿las ves brillar?. Titilan en el cielo; ¿lo harían si les importara? “

La catedral del mar, de Ildefonso Falcones

 

 

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